por Rosalio Morales Vargas

Una isla resiste los embates
del imperio arrogante y genocida,
se opone a los piratas asesinos
ataviada de honor y gallardía;
no emite plañideras ni lamentos,
encara al bloqueo y la perfidia,
pone en alto su espíritu rebelde,
permanece en alerta y en vigilia.

La Cuba luminosa y legendaria,
la de Martí, Maceo, Fidel y Mella,
la de Celia y Haydeé, Vilma y el Che,
la de espumas, arrecifes y la sierra;
no cede ante el acoso virulento,
ni muestra signo alguno de flaqueza
y quien pretenda hollar su heroico suelo,
se encontrará a Numancia, firme, enhiesta.

La brisa del Caribe la sostiene
convencida de su revolución,
por otra sociedad trabaja ardua,
incendia las tinieblas como un sol;
con disparos de sones y guarachas
a su tierra defiende con pasión
y con la poesía de Guillén
se pintarán las tardes de arrebol.

Se empeña la vesania imperialista
en continuar el crimen e impiedad,
el engreído déspota del norte
flagela a todo un pueblo sin pensar
en la hecatombe impúdica que impulsa
su torva estupidez cruel y venal;
jamás conseguirá sus turbios fines,
tras la noche vendrá la claridad.

El moderno Nerón, ebrio disfruta,
mientras toca su lira bajo el fuego;
se estrellará con gente solidaria,
que anhela construir un mundo nuevo,
porque emerge una perla en Las Antillas
alzando con furor el puño izquierdo;
ya se arman las rimas fervorosas
en ristre, ¡ Patria o Muerte, Venceremos!

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