por Onel Ortiz Es bueno creer, pero es mejor no creer. No le creo a Ernesto Ruffo cuando dice que es totalmente inocente; menos le creo a Ernestina Godoy cuando atribuye al exgobernador de Baja California ser la mente maestra del mayor contrabando de combustible de la historia. Ahora está de moda preguntar si alguien metería la mano al fuego por tal o cual persona. Pregunta tramposa e inútil. De lo que sí tengo certeza es de que la detención de Ruffo fue pensada políticamente. Fue la caja china de los escandalosos audios de Marina del Pilar, que cada vez que hablaba se hundía más en sus dichos. Lo de Ruffo sirvió, pero lo que realmente cambió el foco de la atención pública fue la carta de Andy López Beltrán dirigida a Donald Trump por la cancelación de su visa y, una semana después, el fugaz regreso y pronta retirada de Rubén Rocha Moya al gobierno de Sinaloa, así como la salida de Enrique Inzunza del grupo parlamentario de Morena en el Senado. Un mes después de la detención de Ruffo y de que mucha agua ha pasado por debajo de ese puente, las direcciones nacionales del PAN y de Somos México, acompañadas de Vicente Fox y de la hija de Ruffo, se manifestaron afuera de la Fiscalía. Vicente Fox ya no usa botas, tampoco puede permanecer de pie por mucho tiempo; eso sí, mantiene el sombrero, el bigote y su vozarrón. Afirmó categórico que el sí metía las manos al fuego por el exgobernador bajacaliforniano. Sin embargo, el discurso que más llamó la atención no fue el de Vicente Fox ni el de Jorge Romero, incluso más que las palabras de la hija de Ruffo, fue lo dicho por Guadalupe Acosta Naranjo, porque sacó del cajón de los recuerdos un hecho que la actual clase política desconoce, pero que los cuadros de aquella izquierda recordamos. ¡Canija memoria porque no la pierdo de una vez!: Guadalupe Acosta Naranjo, El Mochis, y Claudia Sheinbaum se iniciaron en la política partidaria en Punto Crítico, una revista que agrupaba a líderes del movimiento del 68, académicos e intelectuales, entre los que se encontraban Raúl Álvarez Garín, María Teresa La Chata Campa, Javier El Güero González, Asa Cristina Laurel, Félix Hernández Gamundi, Rosalío Wences, los hermanos José María, Carlos y Mireya Imaz, Imanol Ordorika, Salvador Martínez Della Rocca, Marco Rascón, entre otros. Punto Critico fue el primer grupo de izquierda que apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas en su campaña para presidente en 1988. Efectivamente, Raúl Álvarez Garín fue uno de los más insistentes y comprometidos en la defensa de los presos políticos. Todavía a finales de 1994 o principios de 1995 hay fotografías y testimonios donde Claudia Sheinbaum acompañaba a varios de estos políticos y a otros del PRD a visitar a los zapatistas presos en el Estado de México. El juicio determinará si Ruffo es culpable o inocente. Lo que no encuentro es razón para no concederle otras medidas cautelares a sus 74 años y con la salud quebrantada. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce. Navegación de entradas La pregunta que acompañó a Angela Davis toda su vida