por Marisol Amieva Debemos aceptar que vivimos en un mundo que está diseñado para funcionar (o medio funcionar) para las mayorías. Se entiende que eso podría justificarse en la maximización de recursos que esconde, en muchas ocasiones, una indolencia y una falta de inclusión hacia quienes son diferentes por diversas razones. Bajo ese antecedente, debo destacar una relación sumamente importante: personas con discapacidad (PcD) y animales (de asistencia y apoyo emocional). De entrada, el reconocimiento a los animales como seres sintientes y todo lo que involucra, ha significado un gran avance. Se trata de entender cómo hemos pasado de una visión simple, utilitarista y distante a comprender el papel que juegan los animales en nuestra sociedad, en la mayoría de los casos como compañía, dejando un camino largo por recorrer para limitar su sufrimiento por servir como alimento o medio de trabajo. En el caso de las PcD el valor de ese otro ser adquiere una dimensión superlativa más allá de la compañía (ya por sí mismo valioso). Lo que parece una situación obvia se enfrenta a una realidad compleja, esto es así debido a que en muchas ocasiones los animales de asistencia son vistos como una molestia y por tanto se les niega la entrada a diversos espacios públicos y privados siendo que representan un elemento fundamental para una persona ciega. Se necesita trabajar mucho en el ámbito del conocimiento y la empatía. No se trata de que tener un animal de asistencia signifique un pasaporte sin restricciones, el punto está en los ajustes razonables, lo que implica valorar las circunstancias específicas y adoptar un enfoque situado que permita a las PcD superar barreras sin generar grandes cambios para los demás. Si este camino parece complejo, todavía falta algo más difícil. Hay una dimensión paralela a la de los animales de asistencia, me refiero a los de apoyo emocional, resulta que las personas con discapacidad psicosocial en diversos contextos y por múltiples razones requieren de un animal para tener una regulación emocional. El problema es que este tipo de discapacidad es menos percibida y por tanto conocida. Esto se debe a los estereotipos existentes; generalmente pensamos en sillas de ruedas, bastones o muletas; y es cierto, muchas personas requieren apoyos para moverse u orientarse, pero no son los únicos tipos de discapacidad, también están las auditivas o mentales, por ejemplo. Así, tendríamos de manera destacada a personas autistas, que tienen necesidades específicas. En este sentido, el entorno (luz, ruido, acciones, etc.) puede causar una sobreestimulación, en donde un animal de apoyo emocional resulta determinante para superar la situación y no caer en una crisis. Un animal de apoyo emocional actúa como un elemento de anclaje. Diversos estudios han demostrado que la interacción con animales reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y aumenta la producción de oxitocina (que fortalece los vínculos personales). Esta respuesta biológica explica por qué muchas PcD encuentran en sus animales no solo un amigo, sino un regulador emocional natural, lo cual es mucho mejor que medicamentos o tratamientos invasivos. Los animales de apoyo emocional también funcionan como facilitadores sociales. Salir con un animal cambia completamente la dinámica de interacción con el entorno, un perro puede convertir una simple caminata en una oportunidad de conexión humana: un vecino que se detiene a acariciarlo, una conversación improvisada en el parque, una sonrisa cómplice de otro paseante. Estos pequeños momentos que para muchos pasan desapercibidos, representan verdaderos triunfos para personas que normalmente tienen divergencias en comunicación, interacción y percepción del entorno. Ahora bien, PcD que requieren de un animal de apoyo emocional tienen la gran ventaja de que éstos no demandan un entrenamiento como los de asistencia, lo que facilita contar con uno, ya que la inversión inicial es significativamente menor. Ante este contexto es que he presentado una iniciativa en el Congreso del Estado para que la Ley para las Personas con Discapacidad del Estado de Puebla recupere estas realidades y permita normarlas a fin de que no quede a discreción el ingreso a espacios de uso general ya sean públicos o privados. La ley es un buen inicio, pero nada funcionará si no existe un compromiso genuino con la accesibilidad universal y una mirada empática hacia los ajustes razonables. Lo que realmente nos engrandece como sociedad es la forma en que tratamos a quienes son diferentes, pero iguales en derechos. Solo así la inclusión social dejará de ser una quimera para convertirse en una vivencia cotidiana. Navegación de entradas Una Estrategia con Resultados Las condiciones de vida de la población y el Estado Benefactor