por Marisol Amieva El Derecho al cuidado apenas empieza a considerarse en México. Cuidar y ser cuidado han estado ocultos en la cotidianidad de la familia lo que ha llevado a que no se valoren, con una carga casi total hacia las mujeres; lo que se observa en quién cuida a los infantes, los enfermos, personas con discapacidad (PcD) o de la tercera edad. Empezaré por decir que todos necesitamos de cuidados en nuestra vida. Claro que con diferentes modalidades, intensidades y causas; lo cierto es que todos hemos sido cuidados y estamos ante diferentes circunstancias por las cuales podríamos o deberíamos cuidar, lo que implica todo un tema que esbozaré en este espacio. Conceptualmente, el Cuidado debe entenderse como actividades cotidianas enfocadas al bienestar físico y emocional. Esa dimensión material debe entenderse como un derecho universal ya que como lo expresé es algo indispensable en toda persona: no se puede entender a un ser humano sin acceso al Derecho al cuidado. El Derecho al cuidado tiene tres dimensiones: ser cuidado, cuidar y autocuidado. Hasta ahora la poca atención al tópico se ha centrado en la primera dimensión; así, se han creado programas para las infancias, se habla de las PcD, se tienen programas de atención a adultos mayores, etc. En esta perspectiva el actor, o más bien la actora olvidada ha sido la persona cuidadora. Cuidar a alguien tiene profundas implicaciones. Primero por el tiempo dedicado, pero también ello implica un costo de oportunidad; esto es, cuidar limita u obstaculiza opciones laborales o de realización. Ahora bien, al menos en América Latina es una actividad que por lo general no se remunera o se hace en un nivel mínimo. Esta situación tiene que cambiar y para ello se requiere de un proceso en tres etapas: Valorar, redistribuir y reformular. Por principio se debe tener en cuenta lo que implica cuidar a alguien en términos, materiales, económicos y psicológicos. Valorar implica reconocer que cuidar es una actividad que demanda calidad, esfuerzo y sentimiento; lo que no es algo automático o sin relevancia. Redistribuir considera que al interior de las familias se debe hacer un rebalanceo en el tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado de los integrantes. En donde se coloque al centro el cuidado de sus integrantes, esto puede tener múltiples implicaciones y dependerá de las características culturales específicas, con lo que se llega a la reformulación de lo que se entiende por el cuidado, quién y cómo debe realizarse. La dimensión menos desarrollada en el derecho analizado es el autocuidado. Esto es relevante debido a que hay una serie de dinámicas sociales, demográficas y económicas que están cambiando la estructura de la familia; así, cada vez existen más personas viviendo solas o parejas de la tercera edad sin apoyo de parientes. Cada individuo tiene una responsabilidad de autocuidado dependiendo de sus circunstancias. Esto tiene que ver con salud, deporte, alimentación, estilo de vida, etc. Es relevante considerando que en México y en el mundo las primeras causas de muerte están asociadas a enfermedades cardiovasculares. Se requiere una planificación de vida. En donde se involucran factores que posibiliten mejores condiciones integrales en una persona, son aspectos diversos y complejos como educación financiera, conciencia social, desarrollo laboral y personal, entre muchos más. Ahora bien, como se observa no se trata de un tema que pueda ser abordado sólo desde la familia, evidentemente se requiere de una dimensión pública que implica al gobierno, la iniciativa privada y la sociedad civil. De otra manera, lo que se tendrían son esfuerzos aislados. Derivado de lo anterior, es necesario distinguir entre programas, políticas públicas y un sistema integral. En el primer caso, se tienen las acciones de asistencia que siendo relevantes no permiten obtener resultados a largo plazo, para ello se requiere de una articulación entre varios programas lo que genera una política pública. Cuando las políticas públicas tienen un enfoque de gobernanza crean sinergias con diferentes actores públicos y privados entonces hay un sistema integral con una planeación a largo plazo. Ese proceso no es sencillo, implica un proceso de debate social. En donde se considere el rumbo que se tomará y es que se requiere de enfoques de género, interseccionalidad e interculturalidad. Junto a ello se demanda crear una hoja de ruta que defina lo que se pretende realizar desde el ámbito privado-familiar y qué desde el público-institucional. En cualquier caso, se da una transición de un modelo subsidiario a otro de garantizar un derecho universal. Las implicaciones son enormes y la realidad nos persigue a gran velocidad, en América Latina ya se tienen avances en países como Chile, Costa Rica, Ecuador y Uruguay; en México varias entidades federativas han realizado cambios legislativos. Estamos ante avances significativos que debemos recuperar. Y al mismo tiempo se yerguen retos que demandan de toda la atención y contribución desde diferentes ámbitos, se requiere de una revaloración de los cuidados, para generar una legislación acorde que lleve a acciones dentro de la gobernanza que nos permitan un futuro ordenado. Vamos juntos el desafío es de todos. Navegación de entradas La derecha internacional y sus estrategias políticas, peligro para México Posicionamiento Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo