por Fluvio Ruiz Alarcón y Fermín Narváez Camacho Al momento de escribir estas líneas, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amagaba con prohibir la exportación de diesel producido en su país, esperando así reducir su precio de venta. En buena medida, los altos precios de este combustible, fundamental para el transporte masivo de personas y carga, tienen su origen en el desmedido afán bélico del propio mandatario estadounidense, ahora urgido de popularidad electoral, debido a las elecciones intermedias del próximo mes de noviembre. De concretarse esta amenaza, nuestro país tendría que responder rápidamente al reto de no sufrir un desabasto importante, ni un aumento considerable de los precios del diesel en el mercado nacional. Además, esta ominosa señal, se da en momentos en los que la política de subsidios fiscales para mantener un precio máximo en los combustibles de transporte, pareciera estar llegando a su límite. Aquí resulta importante destacar que, a diferencia de administraciones anteriores, el actual gobierno se ha focalizado en sacrificar ingresos fiscales reduciendo, hasta eliminar, el cobro del IEPS en el diesel; y solo de manera limitada en las gasolinas. De cualquier manera, en las últimas semanas, además de no cobrar el IEPS correspondiente al diesel, también se ha subsidiado su consumo, tratando de evitar una espiral inflacionaria. Algunos analistas, estiman en más de 200,000 millones de pesos, el monto de ingresos fiscales que el gobierno podría resentir por esta vía. Sin duda, la construcción de la refinería de Dos Bocas, Tabasco; ha mitigado la exposición de México a este riesgo, aunque aún no lo hace de manera óptima. Inserta en una lógica, a nuestro juicio válida, de ser una inversión para apuntalar la seguridad energética de nuestro país, esta refinería no ha podido funcionar de manera sostenida conforme a sus especificaciones de diseño: 340,000 barriles de proceso de crudo y un factor de conversión del 88%. A pesar de ser la refinería que más aporta para reducir nuestra dependencia externa (alrededor de una tercera parte de los casi 280,000 barriles diarios de diesel que produce el Sistema Nacional de Refinación(SNR)), todavía tiene un amplio margen de mejora. De hecho, en materia de diesel, si las siete refinerías de Pemex ubicadas en territorio nacional, funcionaran conforme a sus parámetros de diseño, podríamos esperar una producción cercana a los 480,000 barriles diarios, es decir, unos 40,000 barriles por encima de la demanda nacional aparente. En el caso de las gasolinas, la producción total rondaría el 95% del consumo nacional. Este potencial de incremento en la elaboración de refinados de alto valor, nos lleva a preguntarnos sobre las medidas que podrían implementarse para alcanzarlo y sortear así las sombras que se abaten sobre nuestra seguridad energética, debido al comportamiento del gobierno estadounidense. En este sentido, la menor extracción de petróleo crudo y además, con características distintas a aquellas consideradas en el diseño de nuestras refinerías, plantea retos importantes aunque solventables. En efecto, la mayoría de las refinerías en México cuenta con instalaciones para procesar tipos de crudo pesado; sin embargo, con frecuencia dichas instalaciones no están total o parcialmente disponibles, ya sea por deficiencias en operación, mantenimiento y, en algunos casos, diseño. En este contexto, Pemex debería contar con la flexibilidad para importar crudo ligero, siempre que exista una evaluación técnico-económica previa que demuestre el aprovechamiento adecuado de una materia prima de mayor valor. Algunos beneficios esperados de la importación o intercambio de crudo son una mayor producción de petrolíferos, mejorando el rendimiento de productos de más valor agregado (productos ligeros) y reduciendo el de residuales (combustóleo) con sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas. También se podría esperar la reducción del contenido de azufre en los petrolíferos, un menor costo de mantenimiento del SNR, mayores ingresos de exportación por volumen y precio, diversificación de mercados y flexibilidad en la oferta de crudos mexicanos en el extranjero y, finalmente, un uso eficiente de la infraestructura de logística y mezclado en tierra y zonas marinas. Por otro lado, la baja confiabilidad operativa de las unidades de proceso que agregan valor a los destilados del petróleo es un problema de alto impacto. Esta deficiencia también se extiende a las áreas de potencia, particularmente a los sistemas de vapor y electricidad, así como a los enlaces con la Comisión Federal de Electricidad. La ausencia de una integración confiable de este tipo en la Refinería Olmeca, ha contribuido a que ocurran paros totales en esa instalación. De tal suerte, que pareciera ser necesario planear, programar y ejecutar auditorías técnicas integrales a las refinerías del SNR, a fin de conocer el estado actual de las instalaciones; así como de sus sistemas operativos, mantenimiento, seguridad e integridad mecánica. Como resultado de estas auditorías, emitir las acciones y recomendaciones para garantizar la confiabilidad operativa y la seguridad de las instalaciones, los trabajadores, el medio ambiente y de terceros. Asimismo, resulta impostergable mejorar la planeación de los mantenimientos preventivos, garantizar el funcionamiento correcto de las plantas de recuperación de azufre, eliminar residuales mediante la rehabilitación de las plantas coquizadoras existentes y culminar los proyectos de las correspondientes a las refinerías de Tula y Salina Cruz; desarrollar proyectos de modernización tecnológica de los procesos de refinación y revisar la política de adquisición y la calidad de los catalizadores utilizados en las refinerías. En general, se debe evaluar el índice ocupacional de las refinerías de manera integral, incorporando el aprovechamiento de los procesos de conversión y mejora de productos, no solo el volumen de crudo procesado, mediante el uso de factores de complejidad de Nelson. También es recomendable realizar ejercicios sistemáticos de comparación con instalaciones similares, especialmente frente a referentes internacionales, y con base en indicadores comparables de desempeño. En el plano comercial, se necesita determinar el óptimo económico de la participación de Pemex en el mercado nacional de combustibles de transporte, buscando el mejor balance entre la producción nacional y las importaciones propias y de privados, de acuerdo a los costos de logística de las distintas regiones del país. En suma, el segmento de Procesos Industriales de Petróleos Mexicanos, requiere atención especializada y urgente. Las utilidades cada vez menores de las actividades de exploración y extracción de petróleo, son absorbidas por pérdidas crecientes en el Sistema Nacional de Refinación. Matizar los resultados económicos en la refinación de crudo, utilizando modalidades contables ajenas a la práctica internacional y a la naturaleza del régimen fiscal petrolero vigente, como ha empezado a hacerse en los recientes reportes de Pemex (fijando valores arbitrariamente bajos para el precio del crudo procesado), solo conducirá a evaluaciones erróneas que, inevitablemente, terminarán por dar lugar a decisiones que deterioren los resultados económicos de nuestra empresa pública y las finanzas nacionales. Sin lugar a dudas, por su complejidad técnica y operativa, en todas sus áreas, Pemex debe ser conducido por personal altamente experimentado, conocedor tanto de los procesos actuales como de las tendencias en el uso y aprovechamiento del petróleo. Además del dominio técnico, se requieren capacidades de administración, liderazgo, seguridad industrial, relaciones laborales y relaciones humanas, indispensables para motivar y conducir al personal hacia el cumplimiento de objetivos y metas. Solamente así, la seguridad energética contará con la eficiencia operativa como una de sus sólidas bases. Navegación de entradas El ABC del crecimiento económico mexicano