Llegas a la dirección nacional de Morena al límite del tiempo necesario para conducir al partido en el proceso electoral del 2027. ¿Cómo encuentras a morena? ¿Cuál es tu diagnóstico sobre el movimiento? Morena llega a esta etapa con una enorme fortaleza porque tiene algo que ningún otro partido tiene: raíces profundas en el pueblo de México. Somos el movimiento político más grande de nuestra historia reciente, con millones de mujeres y hombres organizados en todo el territorio nacional, acompañando las causas justas y defendiendo la transformación. Este crecimiento organizativo era el camino que Morena debía tomar después del esfuerzo titánico de llevar a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia. Hoy, el partido se encuentra en una fase decisiva: alcanzamos los 12 millones de afiliados, constituyendo el padrón más grande de la historia del país, con 71,500 comités en defensa de la transformación instalados. Esto nos posiciona no solo como el partido más grande en la historia de México, sino como uno de los movimientos populares más relevantes de toda América Latina. A pesar de los embates y de la campaña permanente de desinformación por parte de la oposición, el movimiento se mantiene fuerte porque es la única fuerza política en este país que tiene un verdadero proyecto de nación. Pero también tengo la convicción de que no podemos caer en la complacencia. Siempre he dicho que el trabajo con la gente te ubica en lo que es realmente importante. Estar en el territorio nos permite ver con claridad nuestros avances, pero también las tareas pendientes. Encuentro un movimiento vivo, plural y diverso. Y no hay que espantarse de eso. La diversidad es parte de nuestra fuerza. Lo importante es que sigamos teniendo claro qué nos une: nuestros principios, nuestras causas y nuestro compromiso con el pueblo de México. De cara al proceso electoral de 2027, que será determinante para la continuidad de la Cuarta Transformación, el reto ya no es solo ganar elecciones, sino saber cuidar la victoria y honrar la confianza del pueblo. Por eso, he convocado a la militancia a cuidar la unidad interna, evitar divisiones y privilegiar siempre el interés colectivo por encima de aspiraciones personales. Nuestro principal desafío es seguir organizándonos. Morena nació como un acto de legítima defensa del pueblo para transformar la vida pública del país, y esa esencia sigue intacta. Por eso vamos a fortalecer nuestra organización territorial, los comités municipales, la formación política y el contacto permanente con la gente. Las elecciones de 2027 demandan reforzar al máximo nuestra capacidad operativa territorial y contactar de forma directa con los millones de militantes y simpatizantes de nuestro partido-movimiento. No pensamos que todo está hecho. Tenemos que darle más vida al partido, fortalecer la participación desde abajo y mantenernos cerca del pueblo. Mi diagnóstico es que Morena está fuerte, está unido en lo fundamental y tiene una enorme responsabilidad histórica. Hoy más que nunca debemos cuidar nuestros principios, recuperar todos los días la dimensión ética de la política y recordar que nos debemos a la gente que depositó su confianza en este movimiento. Tenemos que estar a la altura de las circunstancias. La transformación continúa y nuestra tarea es seguir organizando al pueblo para consolidarla y profundizarla. Morena es producto de la visión estratégica de López Obrador, de su talento político y su sensibilidad social. ¿Qué tanto afecta su retiro y cómo procesar la articulación del movimiento? El retiro de la vida pública de nuestro líder histórico, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, no debilita al movimiento; al contrario, nos deja una gran responsabilidad y un legado que es el motor de nuestro actuar diario. Debemos resguardar el legado que nos dejó con su inquebrantable honestidad y su congruencia. Sobre todo, nos heredó un modelo nuevo de hacer política, y esa es hoy nuestra mayor fortaleza porque nos permite estar siempre cerca del pueblo. Morena nació de su mano, de caminar junto a él los caminos más difíciles de la patria, enfrentando los fraudes y la soberbia del viejo régimen. Él nos dejó el gran ejemplo de recorrer el territorio por décadas, y recordar su actuar nos ayuda a tener claridad hacia el futuro y saber hacia dónde debemos caminar para mantenernos siempre del lado correcto de la historia. Pero también nos enseñó que este proyecto no le pertenece a una sola persona, le pertenece al pueblo de México. Su gran talento político y dimensión social lograron despertar la revolución de las conciencias, y eso es un proceso irreversible. Su retiro físico de la política es el paso natural de un demócrata, y lejos de afectarnos, nos obliga a demostrar de qué estamos hechos. Hoy, la articulación de Morena sigue con absoluta lealtad a esos principios y en torno al liderazgo firme de la primera Presidenta de México, la Doctora Claudia Sheinbaum Pardo. Con ella hay continuidad con profundidad. La gente confió en nosotros por la alta calidad moral de Andrés Manuel y de nuestra actual Presidenta. He subrayado que ella nos pone también el gran ejemplo: es una mujer que mantiene una absoluta congruencia entre su manera de ser y su acción pública, sumamente honesta, inteligente, de resultados y con un profundo amor al pueblo. Ella conoce perfectamente el territorio y las justas demandas de la gente porque ha caminado el país desde abajo; su liderazgo nos garantiza que el segundo piso de la Cuarta Transformación mantendrá la misma esencia humanista. En cuanto a la articulación del movimiento, debe quedar claro que Morena es un movimiento además de un partido político. He convocado a la militancia a mantener la lealtad al proyecto y a seguir en la lucha, afirmando que esta no es una tarea burocrática, esta es una tarea política. La articulación de Morena no se da desde un escritorio ni mediante la disputa por privilegios; se gesta en el territorio, regresando a las bases, casa por casa. He reiterado que el movimiento debe seguir movilizándose para defender los derechos del pueblo. He enfatizado que la organización es transformación y que la fuerza del movimiento reside en el trabajo territorial casa por casa, como nos lo enseñó López Obrador y como lo hace la presidenta Sheinbaum. La mejor manera de honrar a López Obrador, respaldar a nuestra Presidenta y mantener articulado al partido es no divorciar jamás al movimiento del pueblo. Tenemos que mantener la unidad interna con la claridad de que el poder político solo es virtuoso cuando se pone al servicio de los demás. El convencimiento es nuestra única vía y el trabajo en el México profundo es lo que nos mantendrá unidos para seguir transformando al país. El crecimiento de Morena ha sido exponencial. En pocos años pasó de ser oposición a ser la fuerza gobernante. Sin embargo, muchos militantes que han sostenido la lucha se quejan de no ser tomados en cuenta cuando se integran los equipos de gobierno. ¿Qué hacer para integrarlos? Nadie puede negar el esfuerzo de quienes caminaron cuando era difícil, cuando no había triunfos electorales ni responsabilidades de gobierno, y por supuesto que ese trabajo merece reconocimiento. Pero también debemos tener claridad de que el propósito de nuestro partido-movimiento no es la repartición de cargos ni la administración de oportunidades personales. Su verdadero propósito es consolidar la transformación, poniendo primero a quienes durante décadas fueron los últimos. Quienes formamos parte de este movimiento sabemos que la lucha siempre ha sido por una causa mucho más grande que cualquier puesto. Mi experiencia ha sido en el territorio; siempre me ha tocado ir a los lugares difíciles, en donde no se ganaba y en donde sostener las siglas de Morena era un acto de pura resistencia. Por eso entiendo perfectamente ese sentir. Cuando te das cuenta de que a muchos les falta lo más, uno entiende que puede vivir con lo menos. El partido no puede convertirse en una agencia de colocación de empleos ni los gobiernos en un botín; integrarse al movimiento significa reivindicar las luchas del pueblo desde la trinchera que nos toque. El trabajo con la gente en el México de los olvidados es lo que te centra, y a esos militantes que fundaron este proyecto recorriendo las calles casa por casa les debemos el lugar en el que estamos hoy. Para mantener el vínculo con nuestra militancia, el trabajo territorial es fundamental. El trabajo casa por casa es la manera en la que hemos podido consolidar en el tiempo el proyecto. Es cierto que tenemos el reto de abrir cada vez más espacios de organización, formación política y participación. El crecimiento del movimiento exige fortalecer la vida interna del partido, los procesos democráticos y la organización territorial. Aquí tienen mucha importancia los Comités de Defensa de la Transformación; estamos estableciendo comités municipales y a cada uno se le dará un plan de acción. Para nosotros, organizar es estar preparados, llevarle la información a la gente y mantener vivo el vínculo con el pueblo. Sobre la integración de nuevos perfiles, he señalado que Morena debe mantener sus puertas abiertas: no podemos cerrarlas, pero tenemos la obligación de ser la guía para el Movimiento. Quienes lleguen de otras fuerzas políticas deben ser valorados y aceptados, pero estrictamente guiados hacia los principios del movimiento y nuestro Proyecto de Nación. Se buscarán perfiles intachables, y esa es una forma de retornar a nuestros orígenes. A la militancia fundadora le doy la certeza de que, en cuanto a la selección de candidaturas, la definición a través de encuestas no es la búsqueda de popularidad. Es el reconocimiento del pueblo de que se está junto a él. Las encuestas miden conocimiento, sí, pero también atributos innegociables como honestidad, cercanía con el pueblo, conocimiento del territorio para gobernar y que se cumpla el compromiso empeñado. La mejor forma de integrar a quienes han sostenido esta lucha es fortalecer la vida interna del movimiento y mantener abiertas las puertas para que sigan participando en la construcción de las decisiones colectivas. Morena necesita de todas y todos. Al final, lo que nos une no es la aspiración a un cargo; lo que nos une es el encargo: el compromiso con el pueblo de México y con la transformación del país. Tenemos una misión histórica que solo se logrará sumando voluntades y fortaleciendo a las bases, recordando siempre que son más importantes los encargos que los cargos. Mientras tengamos claro ese propósito común, seguiremos avanzando juntos. El objetivo de Morena es la transformación del régimen de corrupción y privilegios. Se ha avanzado. Tenemos una militancia vigilante de que se cumpla el cambio de régimen y que se respeten los principios. Pero nunca falta quien actúa por su interés personal, ¿Qué hacer para que estos casos no afecten la autoridad moral de Morena? Para que el oportunismo o las ambiciones personales de unos cuantos no manchen la autoridad moral de nuestro movimiento, la regla tiene que ser una sola: cero tolerancia a la corrupción. Este movimiento llegó al poder bajo el emblema de combatir la corrupción y lo hemos demostrado con hechos durante estos 8 años de gobierno de la transformación. Nosotros nos debemos a la gente; el pueblo confió en nosotros por la autoridad moral del presidente Andrés Manuel López Obrador y ahora de nuestra Presidenta, Claudia Sheinbaum. Esa confianza no se puede traicionar bajo ninguna circunstancia, porque lo más dañino para nuestro país es la corrupción. No podemos olvidar el pasado que superamos. Venimos de un régimen neoliberal que normalizó la corrupción, los privilegios y el abandono del pueblo. Fueron décadas en las que unos cuantos se enriquecieron mientras la mayoría quedó excluida del bienestar. Por eso, la Cuarta Transformación fue la respuesta y el camino del pueblo para dejar atrás la larga noche neoliberal. He enfatizado que el combate a la corrupción fue el eje que articuló la lucha de nuestro movimiento en todos los años que encabezó López Obrador; demostramos que se acabaron los privilegios, los gastos suntuosos y las bonificaciones en el gobierno. Lo dije cuando asumí este encargo: en Morena no vamos a tolerar a nadie que no tenga una trayectoria impecable y una conducta a la altura de nuestros principios. Esta dirigencia no tolerará la corrupción en ningún gobierno de Morena; es momento de hacer conciencia. En el partido estamos tomando acciones para garantizar candidaturas intachables, y he advertido claramente que si alguien tiene casos de corrupción, aunque haya ganado la encuesta, no será candidato. No estamos aquí para encubrir a nadie ni para justificar conductas que contradigan los valores de nuestro movimiento. Quien decida apartarse de los principios de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, se coloca por decisión propia fuera de la esencia de este proyecto. Para garantizarlo, he anunciado mecanismos de vigilancia rigurosos: todos los candidatos, todos, pasarán por el análisis de las áreas de seguridad. Esto será estratégico para evitar candidaturas cuestionables. Nosotros somos un movimiento apegado a la ley y al Estado de derecho. La mejor manera de proteger a nuestro partido-movimiento es fortaleciendo nuestros procesos internos, escuchar a nuestra militancia y recordar permanentemente que aquí se viene a servir al pueblo, no a servirse del poder. La autoridad moral de Morena se defiende con congruencia. Se defiende actuando con honestidad, manteniendo los pies en la tierra y recordando todos los días que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás. La derecha está desarrollando una estrategia para desestabilizar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y a la vez, endilgarle a morena la imagen de vínculos con el crimen organizado. Esta será su cantaleta hasta la elección. ¿Qué acciones debe desarrollar el partido para contrarrestar esta narrativa y reafirmar la visión de la transformación? Hoy pretenden construir una narrativa para desacreditar a la Presidenta Claudia Sheinbaum, debilitar a la Cuarta Transformación y manchar a Morena con acusaciones que carecen de sustento. Hay que tener claro que esta estrategia es una narrativa de la oposición junto con la ultraderecha internacional, quienes han construido no solo en México, sino en toda América Latina, contra los gobiernos progresistas. Lo hacen porque no pueden explicar por qué un movimiento como el nuestro logró reducir la pobreza, aumentar los derechos sociales, recuperar la dignidad de millones de personas y poner al Estado al servicio del pueblo. También hay que decirlo con claridad: detrás de muchas de estas campañas existe una visión que apuesta por la injerencia externa en los asuntos de nuestro país. Rechazamos tajantemente la hipocresía de quienes hacen estas acusaciones para abrirle la puerta al intervencionismo extranjero; la oposición busca desde afuera lo que no ha podido construir adentro, porque siempre han estado lejos del pueblo. Nosotros no vamos a aceptar jamás que intereses ajenos a la voluntad del pueblo mexicano pretendan decidir el rumbo de México. La soberanía no se negocia, no se regatea y no se utiliza como moneda de cambio para obtener ventajas políticas. Quienes buscan resolver en el extranjero lo que no han podido ganar con el respaldo del pueblo terminan colocándose del lado de intereses que no son los de México. La defensa de la soberanía nacional nos tiene que unir y es el tema más importante en esta coyuntura. Tenemos que movilizarnos, tal como lo hicimos en la marcha del 16 de mayo en Chihuahua, para defender a la patria ante cualquier acción que vulnere nuestra soberanía, como la intervención de agencias estadounidenses en materia de seguridad. Frente a esa estrategia, nuestra respuesta no será la confrontación estéril, sino las acciones contundentes. Tenemos que ser muy tajantes y recordarle al pueblo de dónde venimos: la crisis de seguridad tiene su origen en la guerra irresponsable de Felipe Calderón, un régimen que infiltró al crimen organizado hasta lo más alto del Estado con personajes como Genaro García Luna, quien de facto tomaba las decisiones de seguridad. A diferencia del pasado, nosotros estamos atendiendo las causas estructurales que ellos crearon. Hablan de inacción, pero en el gobierno del presidente López Obrador se destruyeron más de 2,500 laboratorios clandestinos, tres veces más que en el gobierno anterior. El decomiso de fentanilo fue 1000% más, quitándole literalmente de las manos a los cárteles su principal fuente de ingresos. Mientras que en el sexenio de Calderón su Secretario de Seguridad, García Luna, lavaba más de 650 millones de dólares que hoy México está peleando en las cortes de Florida para recuperar, nuestro gobierno usó la inteligencia financiera para congelarles las cuentas bancarias. Los datos duros son nuestra mejor defensa. Mientras en el sexenio de Felipe Calderón la violencia se desató de forma irresponsable, elevando el promedio diario de homicidios de 28 a más de 70, y la administración posterior nos entregó el país en su máximo histórico de violencia con más de 100 homicidios diarios en 2018, la Cuarta Transformación cambió la tendencia. El presidente López Obrador logró contener ese crecimiento explosivo que parecía imparable. Hoy, bajo el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum y gracias a que se atienden las causas, estamos viendo resultados contundentes: hemos logrado bajar el promedio de homicidios diarios a 64 en 2025 y a 51.2 en lo que va del 2026. Hemos reducido la violencia letal prácticamente a la mitad de lo que nos heredaron. Nosotros no simulamos guerras para la televisión, nosotros les pegamos donde más les duele: en sus finanzas y en su capacidad de producción. Hoy, la Presidenta Claudia Sheinbaum profundiza esa ruta de cero impunidad. Un claro ejemplo es la “Operación Enjambre”, donde, en coordinación con las áreas de inteligencia, se ha procesado y detenido a decenas de funcionarios y alcaldes vinculados con grupos delictivos, sin importar colores partidistas. En Morena no hay pactos de impunidad. En materia de seguridad y filtros, he anunciado que se reforzarán los mecanismos del partido para cerrarle la puerta a la delincuencia: todos los candidatos pasarán por el análisis de las áreas de seguridad. Con la cooperación del Gabinete de Seguridad, la UIF y la fiscalización del INE, detectaremos cualquier situación que no esté apegada a los principios del movimiento. Nosotros no vamos a encubrir a nadie, pero tampoco vamos a permitir que la narrativa de la oposición apoyada por sectores de la ultraderecha pretenda presentar como verdad lo que es una campaña política. Para contrarrestar esta narrativa de mentiras en la calle, nuestra respuesta es la organización popular. Por ello, estamos impulsando asambleas en defensa de la Soberanía Nacional en todos los rincones del país. A la par, tenemos una estrategia de movilización territorial clara que incluye la difusión del periódico Regeneración de manera permanente en el territorio; vamos a visitar por lo menos a 30 millones de domicilios. Llevaremos nuestro proyecto, nuestro pensamiento y convocaremos a la población a defender lo que hemos construido entre todos. La organización es transformación, y el trabajo casa por casa es la manera de consolidar el proyecto. La mejor defensa de Morena y de la Presidenta Claudia Sheinbaum son los hechos. He enfatizado que el mejor contrapeso a las narrativas negativas se logra con las buenas acciones de los gobiernos de la transformación, sobre todo, el de nuestra Presidenta. A diferencia de la oposición, nuestro movimiento ha avanzado mucho en la concientización y la información; hoy el pueblo está informado, sabe que tiene derechos, los defiende, y por ello sus narrativas no prosperarán. Porque, cuando se camina de la mano del pueblo, podemos estar seguros de que estamos del lado correcto de la historia. Navegación de entradas Entrevista Ariadna Montiel