por Marisol Amieva

En poco tiempo han cambiado nuestra forma de comunicarnos. Consideremos que los medios masivos en sus inicios eran unidireccionales como en el caso del periódico o la radio, posteriormente se hicieron bidireccionales en donde el receptor interactúa, así se posibilitó que una nota periodística tuviera comentarios del público, los blogs hicieron que muchas personas fueran productoras de contenido, pero además tener contacto directo e inmediato con la audiencia, ese ha sido el camino que hemos recorrido de manera vertiginosa.

Pero ahora nos encontramos en una tercera etapa. En donde la comunicación se ha segmentado y tiene públicos cada vez más específicos; así vemos, por ejemplo, toda una industria alrededor de los videojuegos lo que implica canales de redes sociales dedicados, videos tutoriales, transmisión de torneos, mercadotecnia dirigida, revistas temáticas, etc.

El internet sobre todo a través de las redes sociales genera una experiencia segmentada y personalizada. Esto implica que no sólo se trata de tener contenido del área de interés, sino que además se busca que se promocione lo que interesa de acuerdo con la condición socioeconómica, geografía, edad, etc. Se sugieren amistades o canales orientados por el uso del Internet.

Esto es una gran oportunidad de interacciones satisfactorias. Lo que implica mucha información de interés, amplias posibilidades de amistades virtuales con gustos similares, publicidad significativa, entretenimiento diverso, acceso a canales de comunicación con los que se comparten gustos, generación de nuevas identidades y un enorme etcétera.

Pero también se observan peligros. El tiempo de uso de redes sociales ha aumentado de manera constante en detrimento de la comunicación presencial, afectaciones a tareas sustantivas como trabajo o escuela, aislamiento social (con todo lo que implica), adicción, consumo excesivo de contenido trivial, nuevas formas de acoso, polarización ideológica, mercadotécnica agresiva, fidelización forzada, entre otros muchos aspectos.

Nadie puede demeritar lo positivo, pero lo negativo ha generado múltiples preocupaciones. Idealmente se buscaría potenciar los pros y controlar los contras, pero la tarea no es tan sencilla, por principios de cuentas ¿quién puede determinar lo que es deseable y lo que no? Y cuando se tuviera superado este reto, el tema es ¿cómo hacerlo de manera práctica y viable?

Hasta ahora se han utilizado medios tradicionales de prohibición o censura. Por ejemplo, limitar los teléfonos celulares en las escuelas o en determinadas áreas, limitar el tiempo que se puede utilizar el Internet y en especial las redes sociales, censurar ciertos términos que se consideran ofensivos, peligrosos o discriminatorios. Aunque parece que no está siendo suficiente cada vez se aprecia un mayor nivel de adicción, violencia digital y contenido trivial.

La tentación es seguir por la vía punitiva. Pero me parece que soluciones tradicionales no resolverán este reto, en buena medida por que la sociedad ha cambiado. Y también es cierto que regular tiene el peligro de que quién está en el poder lo utilice para tratar de controlar la disidencia o la crítica. Pero entonces ¿cuál es la ruta para enfrentar este tema? El problema es que se ha metido en una sola bolsa el tópico. Siendo que requiere de un abordaje de mayor complejidad, que debe iniciar por reconocer que no todo debe ser tratado de la misma manera, estamos hablado de pluricausalidades que generan efectos en diferentes grados con diversas orientaciones. De tal manera que cuando estamos ante una complejidad se debe tratar por medios precisamente complejos, nos debe quedar claro que no hay soluciones simples.

Mi propuesta es que hay aspectos que se deben atender por medio de la reglamentación gubernamental, otros desde la autorregulación de las industrias y unos más corresponden a la convivencia de los usuarios. Entonces la primera tarea es llenar de especificidad y contenido cada una de las tres áreas y luego hacer una aproximación a determinar qué aspectos van en cada apartado para de ahí establecer estrategias diferenciadas.

Se deben advertir complicaciones. Es evidente que el fenómeno del que se habla probablemente sea más global que ningún otro, lo que implica diferencias culturales e institucionales. Ahora dividir en tres apartados seguramente no será suficiente, es necesario reconocer que deben existir subdivisiones para entender mejor el tema, probablemente se deberá regionalizar o separar generacionalmente, sólo por mencionar algunos aspectos en este sentido.

Complejo, pero necesario. Con todas las dificultades que se quieran observar estamos ante un camino en el que llevamos un retraso enorme, los fenómenos sociales se siguen dando con mutaciones impresionantes y hasta ahora los medios para entenderlos han sido insuficientes y el debate en el mejor de los casos ha sido errático. Iniciamos un derrotero insalvable, se demanda responsabilidad y objetividad desde la trinchera de cada uno de nosotros.

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