por Alfonso Durazo Bienvenidas, bienvenidos a este auditorio que albergó el acto fundacional de nuestro movimiento. Nos reunimos después de conocer los resultados de un gran proceso rumbo al 2027. El esfuerzo y sus resultados fueron extraordinarios. Reconocemos a los excelentes equipos de trabajo encabezados por Ariadna Montiel, nuestra dirigente nacional, y por Citlali Hernández, presidente de la Comisión de Elecciones Reconocemos también a las diecisiete coordinadoras y coordinadores designados. Decía que este auditorio albergó el acto fundacional de la4T, episodio insigne del México contemporáneo que inauguró una de las etapas políticas más promisorias para aquellos a quienes nunca les había tocado nada. En aquel entonces, muchos de quienes estamos hoy aquí tuvimos el honor de acompañar a nuestro querido expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo mayor mérito ha sido poner en el centro de sus decisiones a quienes nunca les había tocado nada. La primera oradora de aquel acto fue Claudia Sheinbaum. Y quince años después es la primera mujer presidenta de la República en la historia de México. ¡Cómo no vamos a sentirnos profundamente orgullosos del camino que hemos recorrido! Nos sentimos orgullosos de quienes alzaron la voz en los años oscuros del autoritarismo; de quienes eligieron el camino de la congruencia y defendieron los derechos del pueblo cuando no había certezas, cuando sobraban las dudas y cuando todo parecía dispuesto para desalentar su lucha. Y, aun así, ¡persistieron! La fundación de nuestro movimiento dio cauce político común a esa energía plural que venía de lejos. Nacimos al amparo de la memoria y el legado del 2 de octubre de 1968. En esa raíz nuestro movimiento recogió las insignias de las mejores luchas del pueblo mexicano.Nacimos de la indignación convertida en consciencia y en organización. Hace 15 años el país estaba listo para transformar su destino, pero necesitaba un instrumento politico al servicio de una revolución pacífica guiada por por el objetivo de una patria libre, justa, soberana y democrática. La revolución de las conciencias abrió paso a una nueva voluntad colectiva, dejó atrás la visión neoliberal, hizo al pueblo dueño nuevamente de su soberanía y construyó un proyecto alternativo de nación. En estos tiempos de corta memoria, particularmente de los actores políticos corresponsables del rezago que padeció el país por décadas, conviene no olvidar de dónde venimos. Hablo del modelo neoliberal que hizo de la desigualdad una costumbre, que precarizó el salario de los trabajadores y redujo al gobierno a simple administrador de privilegios entre el grupo de poder en turno. Hablo de la decadencia del modelo neoliberal, que fue una fábrica de pobreza, miseria y desigualdad. Hoy el humanismo mexicano ha hecho posible lo que por décadas las élites de nuestro país declararon inviable e inalcanzable. Cito un par de ejemplos: Cuando nos dijeron que era impensable separar al poder político del poder económico, demostramos que sí se puede. Cuando nos dijeron que era una provocación pensar que por el bien de todos primero son los pobres, demostramos que sí se puede. Cuando nos dijeron que no se podían crear programas sociales universales porque no alcanzaría el presupuesto, demostramos que sí se puede. Es obligado reconocer que en este proceso de transformación nos han acompañado el PT y el partido Verde. Estamos moral y políticamente obligados a continuar juntos, no sólo por nuestra propia conveniencia y fortaleza política, sino por que los objetivos superiores de la alianza siguen vigentes. Lo que está en juego es algo más que un simple ciclo electoral: es la continuidad de un proyecto de transformación que millones de mexicanas y mexicanos sienten como propio. Necesitamos levantar la mira. La derecha y la ultraderecha nacional e internacional asedian nuestro proyecto de transformación. Una pelea por un cargo o una división interna es el error que nuestros adversarios están aplaudiendo en silencio. Y no descansan. Están ciertamente mermados, pero volverán a mirar hacia fuera, como siempre lo han hecho, confirmando una vez más por qué el poder no puede quedar en sus manos. Aquí cabemos todos. Nuestro proceso de transformación es por definición plural e incluyente. Es la hora de caminar juntos en la conformación de 17 coaliciones ganadoras, amplias e incluyentes, que integren a todos los liderazgos y a los equipos de cada aspirante para construir una mayoría social que acompañe con lealtad y legitimidad a nuestra presidenta en el segundo tramo de su administración. Tenemos otros retos: Somos el partido más observado, el que concita la mayor atención mediática. Y en estos tiempos en los que la verdad nos interesa a muy pocos y estamos bajo un escrutinio mayor, cada error, cada diferencia interna es amplificada por un ecosistema mediático que sigue nuestros pasos y los interpreta con evidente malicia. Quien representa a Morena representa una causa, y nuestra conducta debe estar a la altura de esa responsabilidad. La respuesta a ese desafío son la congruencia, la honestidad y la humildad. Conscientes del valor de estos principios, ningún morenista puede ir por la vida con redobles de triunfador. El segundo desafío es de organización e inclusión en un marco de reconocimiento a la pluralidad. El tercer desafío es consolidar las transformaciones institucionales y cerrar el paso a cualquier regresión conservadora. El cuarto desafío, es la formación de los nuevos cuadros que el movimiento necesita para no envejecer. La historia que recibimos es también la historia que debemos entregar. Nos corresponde fortalecerla y entregarla más sólida a quienes vienen después. Amigas, amigos: Hoy venimos a celebrar quince años de lucha, quince años de esperanza organizada, quince años de resistencia, de dignidad y de amor profundo al pueblo de México. Hoy venimos a celebrar que quince años después de nuestra fundación, MORENA es la fuerza política más grande e importante de nuestro país. Celebramos que esa fuerza pertenece al pueblo. Que esa fuerza es mandato popular, que esa fuerza es responsabilidad histórica. La política atraviesa tiempos en los que la estridencia parece más rentable que la prudencia. Tiempos en los que la reacción inmediata consigue más aplausos que la reflexión, y el exceso suele tener más espectadores que la mesura. Pero gobernar una nación no es competir por quién grita más fuerte. Nuestra presidenta destaca a nivel mundial por gobernar sin espectáculos ni aspavientos. Ha demostrado que se puede ejercer el poder con firmeza sin perder la serenidad; defender a México sin renunciar al diálogo, y sostener principios sin convertir las diferencias en confrontación permanente. Acompañemos sin regateo alguno a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum en su defensa de nuestra soberanía. Tenemos una presidenta querida y reconocida por el pueblo de México. Nos toca cuidar la unidad como una causa sagrada. Nos toca cerrar filas. ¡Caminemos juntos, como uno solo, unidos por la grandeza de nuestro País y el éxito de la Cuarta Transformación! Nos arropamos en la unidad porque cuando caminamos unidos, no hay fuerza que nos doble, no hay campaña que nos divida. Cuando caminamos unidos, la esperanza de las y los mexicanos se vuelve más fuerte. Cuando MORENA camina unida, México camina con dignidad. Cuando caminamos unidos, México cuenta con una barrera ideológica, política y electoral para evitar el retorno a un pasado que esperamos se haya ido para no volver. ¡Viva MORENA! ¡Viva la presidenta Claudia Sheinbaum! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! Muchas Gracias Hay quienes sostienen que nada ha cambiado. Reconocemos su estilo personal austero, sencillo y prudente. Tenemos programa y proyecto de nación. Tenemos una militancia organizada. Reconocemos su liderazgo. Reconocemos su entereza y su decisión para dar continuidad al proceso de transformación nacional. Los grandes estadistas se distinguen precisamente porque cuando todos empujan hacia los extremos, tienen el carácter para escoger la prudencia. para cancelar sin recelo alguno todo aquello que debilita nuestros lazos, sean palabras o sean acciones, y fortalecerlos con genuina generosidad y compromiso. Está expresión no refleja un tono triunfalista. Caben primeramente los aspirantes que no resultaron designados. El vínculo que cada uno de ellos construyó con sus simpatizantes forma también parte de la fuerza que necesitamos en la etapa que comienza. El mundo debe entender que México no acepta tutelajes y que defender la soberanía no representa para las y los mexicanos una consigna abstracta, sino proteger la existencia de la patria misma y el alma de nuestro pueblo. Observar cada decisión por separado impide comprender la decisión colectiva. Los cargos pasarán, pero la transformación deberá permanecer. Hablo de un país que se encontraba en el lugar 140 del ranking de corrupción mundial, entre 173 países evaluados; hablo de que recibimos el país convertido en un cementerio y de que millones de mexicanas y mexicanos vivían en extrema pobreza. Nadie pretende aparentar que no tenemos problemas, pero ninguno de ellos prueba que el apocalipsis nos alcanzó. Por una parte, está el intento de retorno del proyecto neoliberal, con grandes recursos y una clara hegemonía en los medios de comunicación tradicionales; fuerte presencia en los espacios económicos y una coalición de partidos que son en realidad uno solo: el partido de los conservadores. Esa decadencia la padecieron los trabajadores con salarios de hambre; las personas adultas mayores, sin pensiones ni protección social; las juventudes, abandonadas y estigmatizadas; los pueblos originarios, despojados; las mujeres, violentadas y marginadas de la esfera pública; y una clase media obligada a sostener un régimen de privilegios. Desde esa perspectiva deben entenderse las políticas de alianzas y de inclusión. No debemos confundir los intereses personales con la causa. Las consignas esenciales del movimiento: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”; “No robar, no mentir y no traicionar jamás al pueblo”; y “Por el bien de todos primero los pobres” constituyen una doctrina sencilla e integral, con categoría de principios intemporales e irrenunciables. En esta tarea tuvimos el honor de ser guiados por el mayor dirigente social y político de este siglo, nuestro querido expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo ejemplo y lecciones siguen siendo fundamentales para la definición y el trabajo cotidiano de Morena. Las ideas esenciales del movimiento son su legado intemporal: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”; “No robar, no mentir y no traicionar jamás al pueblo”; y “Por el bien de todos primero los pobres”. Estas consignas constituyen una doctrina sencilla e integral, con la categoría de principios intemporales e irrenunciables. Mantener vivos estos principios es indispensable para que Morena conserve su sentido histórico, su compromiso popular y su responsabilidad ética frente al pueblo de México. No demos gusto a quienes pretenden desmoralizarnos y dividirnos. , el presidente López Obrador, cuyo mayor mérito fue devolver al poder público su brújula ética y poner en el centro de sus decisiones a quienes nunca les había tocado nada. Hay que recordar cómo gobernaron históricamente aquellos adversarios que siguen al acecho de la menor oportunidad para regresar por los fueros perdidos. Nuestro país no está para tutelajes. La defensa de la soberanía es la defensa del alma de nuestro pueblo. No buscamos pleito con nadie, simplemente nos negamos a normalizar aquello que debía transformarse. SOBERANÍA Los servidores públicos también tienen derecho a la libertad de expresión. OPOSICION No han pasado de ser sino tormentas en un vaso de agua; sin embargo, a nadie le gusta afrontar el ridículo o recibir la etiqueta de corrupto. Saben que lo peor que la pudiera pasar a nuestro movimiento es que los buenos se conviertan en los malos. Su entreguismo los pone a salvo de esas insidias. Son polvos de aquellos lodos NUEVOS CUADROS Es la hora de la unidad, la cohesión y la organización. En esta coyuntura nos toca cerrar filas. Nos toca cuidar la unidad como una causa sagrada. Cuando MORENA camina unida, México camina con dignidad. MORENA representa una barrera ideológica, política y electoral, para evitar el retorno a un pasado que esperamos se haya ido para no volver. ADM. Si aspiramos a profundizar la democracia en el país, debemos sostenerla primero en nuestras decisiones, con procedimientos claros, previsibles y generales que no dependan de nombres ni de coyunturas. La encuesta fue la ruta elegida hace años para escuchar la voz de la gente. Este método nos recuerda que ninguna aspiración puede estar por encima de la voluntad colectiva; que los liderazgos se construyen desde abajo y que la legitimidad se gana caminando a ras de suelo, junto al pueblo, y no en acuerdo cupulares. Somos la expresión política de una profunda energía social que aspiran a un país más justo, más democrático, más igualitario y absolutamente soberano. La unidad no surge de evitar las diferencias, sino de procesarlas, y seguir caminando juntos, con serenidad, después de haber competido. Lo aprendimos durante el proceso interno de 2024. Mientras muchos anticipaban fracturas, el movimiento protagonizó un ejercicio democrático inédito por su escala que colocó en el debate nacional las causas de la transformación y movilizó a millones de personas. Gracias a las encuestas, MORENA ha identificado liderazgos con arraigo social, capacidad organizativa y fortaleza electoral, gracias a ellas ha incorporado voces diversas y abierto oportunidades a nuevas generaciones. Quienes participaron no deben ser vistos únicamente a través del resultado: cada una y cada uno aportó organización, experiencia, trabajo territorial y cercanía con la gente. Todo eso permanece y cuenta. Hubo una que otra inconformidad. La historia de los grandes proyectos sociales nunca ha estado libre de diferencias, consustanciales a la política; nada que un buen trabajo político no pueda superar. Todo es parte de la normalidad democrática en la que vivimos. Un movimiento que confía en su proceder no teme a la deliberación ni a la crítica. Por supuesto, hay cosas que afinar, debemos fortalecer la valoración política, que tiene que ver fundamentalmente con el compromiso de un aspirante a coordinador para conducir el Movimiento sin desviaciones; igualmente, la valoración sobre el desempeño ético, que tiene que ver con la necesidad de que sean ejemplo de honestidad, valor distintivo de nuestro Movimiento. Debemos responder con serenidad: ni el ruido mediático ni la lectura interesada de nuestros adversarios pueden sustituir la reflexión ni reducir nuestra responsabilidad histórica al debate efímero de un día. Lo que está en juego es más que un ciclo electoral: es la continuidad de un proyecto de transformación que millones de mexicanas y mexicanos sienten como propio. Desde esa perspectiva deben entenderse los resultados anunciados. Éste debe ser un momento para dialogar, reconocer las fortalezas del método y corregir aquello que pueda perfeccionarse. Algunas de las inconformidades apuntan a estas debilidades. Las definiciones no responden a una lógica individual. Mientras eso ocurre nosotros avanzamos con una vida interna genuinamente democrática, con proyecto, con rumbo y de la mano del pueblo. MORENA conoce esa historia y no puede repetirla Esa disposición será indispensable para una coalición cuya razón de ser no puede limitarse a sumar estructuras electorales, sino que debe refrendar el respaldo social a la transformación. UNIDAD Escuchar a quienes aún no encuentran un espacio de colaboración. La experiencia confirma que el diálogo franco permite encontrar equilibrios sin diluir identidades ni cancelar diferencias. Esa disposición será indispensable para una coalición cuya razón de ser no puede limitarse a sumar estructuras electorales, sino que debe refrendar el respaldo social a la transformación. ALIANZA En esa construcción reconocemos la participación del Partido del Trabajo y del Partido Verde Ecologista de México en los diecisiete procesos resueltos mediante encuestas. 2027 El horizonte de 2027 demanda confianza en nuestras fortalezas. Nos corresponde defender los resultados alcanzados, reconocer lo que falta y presentar una ruta convincente para profundizar la transformación. APOYO LEVANTEN LA MIRA Estos tiempos nos exigen levantar la mirada por encima de la coyuntura. FINAL Corrupción e Inseguridad Hay quienes sostienen que en México nada ha cambiado. Frente a esa afirmación conviene responder con evidencia. Dos mediciones internacionales, el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional y el Índice de Paz Global, nos permiten comparar con rigor lo que ocurrió en los gobiernos anteriores y lo que ocurre en la Cuarta Transformación. Los números no tienen filiación política, y por eso cuentan la historia completa. El Índice de Percepción de la Corrupción nos ofrece un seguimiento puntual de dónde estamos y del camino recorrido. En el año 2000, al inicio de la administración de Vicente Fox, México ocupaba el lugar 56 entre los países percibidos como menos corruptos. Tras un sexenio de desilusión, lo entregó en el lugar 70, una caída de 14 posiciones. Felipe Calderón nos llevó del 70 al 105, un retroceso de 35 lugares que es reflejo de la consolidación del fraude como práctica. Enrique Peña Nieto siguió el mismo camino, y no por casualidad compartieron secretarios de Estado: del lugar 105 nos hundió al 138, otro golpe de 33 posiciones. Después de esos ciclos de deterioro, con caídas de 14, 35 y 33 lugares, era indispensable poner un freno. México no podía soportar otro sexenio con retrocesos de dos dígitos, como nos acostumbraron los gobiernos neoliberales. Andrés Manuel López Obrador inició su mandato en el lugar 138 y entregó el país en el 140. No nos enorgullece que persistan casos de corrupción, herencia de décadas de saqueo, pero sí es motivo de orgullo haber detenido el robo descarado que caracterizó a los gobiernos anteriores. Una caída de solo 2 escaños es 7 veces menor a la del foxismo y entre 17 y 16 veces menor a la de Calderón y Peña Nieto respectivamente. La corrupción y la inseguridad han caminado juntas en nuestra historia reciente. Donde las instituciones se corrompen, la violencia encuentra espacio para crecer. Por eso el segundo indicador resulta tan revelador, porque mide algo que cada familia mexicana conoce de primera mano: cuánta paz se vive en el país. El Índice de Paz Global, elaborado por el Institute for Economics & Peace desde 2007, mide el nivel de paz de 163 países mediante 23 indicadores. Entiende la paz como la ausencia de violencia y también del miedo a la violencia. Esos indicadores se agrupan en tres dominios: conflictos en curso, seguridad y protección social, y militarización. En la primera medición que incluyó a México, nuestro país se ubicaba en la justa medianía global, en el lugar 88. Con Felipe Calderón y el inicio de su guerra, en 2012 habíamos caído al lugar 135, un descenso de 47 peldaños en solo cuatro años. Ese número habla por sí solo del fracaso de su política de seguridad. Peña Nieto mantuvo los mismos ejes y llevó al país del lugar 135 al 140 en 2018. Con Andrés Manuel López Obrador hubo una estrategia distinta: no se podía seguir cayendo, había que atender las causas. Los resultados están a la vista. Recibir el país en el lugar 140 en 2018 y entregarlo en el 138 en 2024 marca un cambio de tendencia, porque la caída no solo se detuvo, sino que se revirtió. En 2025 ese rumbo se consolidó y, con el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum, México se colocó en el lugar 135. La ruta es distinta a la que siguieron los gobiernos neoliberales. Los gobiernos del pasado nos dejaron un país que caía posición tras posición, en honestidad y en paz. Hoy la caída se detuvo y el rumbo comenzó a corregirse. Falta camino por recorrer, y desde Sonora lo sabemos bien, pero también sabemos que se avanza con instituciones honestas, con atención a las causas y con un gobierno que está del lado del pueblo. Sí hay diferencia entre los gobiernos de la Cuarta Transformación y los que los antecedieron, y los datos lo demuestran. Seguiremos trabajando para que esa diferencia se sienta cada día en la vida de las familias sonorenses. Provenimos orgullosamente de las filas del Movimiento que bajo el liderazgo del presidente López Obrador está haciendo realidad un cambio de dimensiones históricas en nuestro país. Reconocemos aquí la congruencia indiscutible del presidente López Obrador en el gobierno con los principios y fines del proyecto histórico. Nos encontramos frente a una coyuntura política en la que cada vez van definiéndose con mayor precisión los proyectos políticos que disputan el poder democrático del país. Por una parte está el intento de retorno del proyecto neoliberal, con grandes recursos y una clara hegemonía en los medios de comunicación tradicionales; fuerte presencia en los espacios económicos y una coalición de partidos que son en realidad uno solo: el partido de los conservadores. Por otro lado, nos encontramos quienes hemos retomado la esencia del legado progresista de nuestra historia y buscamos regresarle a la nación las condiciones mínimas de soberanía, democracia, bienestar y justicia que han caracterizado a lo mejor de nuestra evolución como país. La 4T, episodio insigne del México contemporáneo, representa la construcción de una nueva conciencia nacional. Con nuestra lucha hemos iniciado una de las etapas políticas más promisorias para nuestros estados y municipios. Y es precisamente a nosotros a quienes nos ha tocado vivir este tiempo político de excepción, en el que se volvió imprescindible un cambio de rumbo para actualizar, cuando menos, 36 años de atraso neoliberal. Con nuestra lucha hemos iniciado una de las etapas políticas más promisorias para nuestros estados y municipios. Hay que tener claro que esa tarea nos sobrepasa como personas; que sólo podemos apurarla si vamos unidos como pueblo. Bajo la convicción de que todo proyecto de transformación es por definición plural e incluyente, los convoco a que abramos las puertas de nuestro movimiento a quienes compartan nuestra visión progresista; a gente honesta, sensible y comprometida socialmente, y que tenga la convicción de que estar en el sector público no es ya más un negocio, sino una responsabilidad de servicio. En todo caso, quien llegue, sabrá pronto que nuestra lucha no es para indecisos, que en Morena no hay lugar para quienes pretenden nadar en aguas tibias. La historia nos enseña que la unión hace la fuerza; nos enseña también que las luchas internas representan una maldición en cualquier movimiento. Hacer política es gestionar el bienestar de la gente. Si nuestra acción política no genera mayor bienestar, no estamos haciendo buena política. No demos gusto a quienes pretenden desmoralizarnos y dividirnos. ¡Caminemos como uno solo, unidos por la grandeza de nuestro País y el éxito de la Cuarta Transformación! Dejemos las agendas personales a un lado. En otras palabras, que las jugadas no nos distraigan del juego. Y el juego se llama transformación y bienestar. Todo lo demás es accesorio. Sigamos a ras de suelo. Caminemos con los pies en la tierra, tal y como lo hace el líder social más importante de nuestro tiempo, el presidente López Obrador. Escuchar y sentir sus aspiraciones y demandas es ahora nuestra chamba. Nadie puede fingir que los problemas que heredamos sean sencillos. Entiende de la gente, a condición de que les demos la cara y les hablemos de frente, y sobre todo de que no perdamos la voluntad política de construir una respuesta en el sentido que demandan. Lo que con justicia no acepta es una política de oídos sordos o la complacencia indolente frente a sus necesidades. La 4T es esperanza para los que menos tienen. Por eso decimos que ya les toca a los históricamente marginados; ya les toca a los olvidados, ya les toca a quienes nunca les ha tocado nada. Su esperanza está en nuestras manos. No podemos fallarle a esa gente. Tampoco podemos fallarle al presidente. Hagámoslo con entusiasmo, con ánimo cívico, con convencimiento. Que nada nos detenga para ejercer por primera vez en nuestra historia este derecho clave para garantizar el principio morenista que establece que “El pueblo pone y el pueblo quita. La cuasi unanimidad con la que los medios critican ahora a nuestro Presidente es sospechosa, por decir lo menos. Por una parte está el intento de retorno del proyecto neoliberal, con grandes recursos y una clara hegemonía en los medios de comunicación tradicionales; fuerte presencia en los espacios económicos y una coalición de partidos que son en realidad uno solo: el partido de los conservadores. Hay que leerla correctamente. Por un lado están las críticas promovidas por los grandes grupos de interés económico, que tiran la piedra y esconden la mano. Esos grupos, que fueron el tuétano de anteriores gobiernos, no mandan ya más en el gobierno del presidente López Obrador. Lo digo con respeto, pero con franqueza: no hay entre ellos uno solo ajeno al merecido desprestigio que cargan a cuestas. Está también el grupo de marionetas y merolicos, hijos o ahijados de esos mismos grandes intereses, que se volvieron adversarios una vez cerrado el grifo del presupuesto. Con su visión maniquea y sus argumentos ramplones pretenden convertir cualquier problema de gobierno en una crisis. Nadie pretende aparentar que no tenemos problemas, pero ninguno de ellos prueba que el apocalipsis nos alcanzó. La intuición social, cargada de sabiduría popular, concluye certeramente que esos críticos son interés puro y que solo buscan deslegitimar la acción de nuestro Presidente. Pero eso sí, cuando colman la paciencia de nuestros simpatizantes y reciben la respuesta que merecen, se rasgan las vestiduras y sacan a lucir su disfraz de agraviados y su falso victimismo. Son críticos que no soportan la menor crítica. No permanezcamos ajenos al escándalo de esos medios y voceros conservadores y su campaña mediática insólita, sin parangón en la historia, contra el presidente López Obrador. No aceptemos ni permitamos que se le injurie, calumnie ni ofenda impunemente. A todos los integrantes de esa indigesta mezcolanza ideológica que, sin coincidencia relevante alguna, se han unido solo para cuestionar a nuestro Presidente, con ánimo ecuánime les decimos: no pasarán. La Historia, que es en su esencia insobornable, juzgará a su debido tiempo el desempeño del presidente López Obrador y habrá de ser sin duda generosa. No pasará en vano el hecho evidente de que cumple su responsabilidad con tintes de apostolado. Nos ha tocado una época dura, de angustias y temores, pero hay motivos fundados para estar optimistas. Vienen tiempos mejores. La victoria de nuestro Movimiento ha abierto las puertas a un nuevo horizonte de esperanza y bienestar para todas y todos los mexicanos. Nada ni nadie podrá ya detener el curso de esta historia. Contra el cinismo dominante de los viejos tiempos y gobiernos, el poder es nada sin autoridad moral. Los convoco a desterrar de una vez por todas el sentido predatorio de la política. Los convoco a iluminar a cada uno de los hogares de nuestros estados y municipios con la esperanza que el presidente López Obrador ha encendido en el país. Los convoco a encabezar el mejor gobierno en la historia de nuestros estados y municipios. No lo hagamos por vanidad sino porque sólo con un gobierno histórico podremos sacarlos del hoyo en que los recibimos, y alcanzar la meta de su transformación. La batalla por la transformación de nuestro país es objetivo propicio para lograr un legado de trascendencia histórica. Formamos parte de un movimiento sin miedo. Somos gente que no se dobla. Tomemos esta batalla con el entusiasmo que solo se dedica a la construcción de una etapa histórica. Hagamos historia juntos! Viva el Presidente López Obrador. Viva Morena. Viva MÉXICO. La construcción de Morena se sostiene en una tarea colectiva orientada por principios claros, arraigados en el pueblo y en la transformación de la vida pública del país. En esta tarea tuvimos el honor de ser guiados por el mayor dirigente social y político de este siglo, nuestro querido expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuyo ejemplo y lecciones siguen siendo fundamentales para la definición y el trabajo cotidiano de Morena. Las ideas esenciales del movimiento son su legado intemporal: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”; “No robar, no mentir y no traicionar jamás al pueblo”; y “Por el bien de todos primero los pobres”. Estas consignas constituyen una doctrina sencilla e integral, con la categoría de principios intemporales e irrenunciables. Mantener vivos estos principios es indispensable para que Morena conserve su sentido histórico, su compromiso popular y su responsabilidad ética frente al pueblo de México. Nada tiene de extraño que haya tensiones ocasionales entre aliados. Lo importante es que nunca perdamos la capacidad para dirimirlas en una mesa de negociación. Por supuesto, nuestros aliados podrían buscar nuevas alianzas, pero ninguna de ellas garantiza el cumplimiento de los objetivos que nos hemos propuesto colegiadamente: el bienestar del pueblo. Consecuentemente, todos estamos obligados a continuar juntos, no sólo por nuestra propia conveniencia y sobrevivencia política, sino por un alianza cuyo objetivos superiores siguen totalmente vigentes. Sabemos, además que nuestros aliados, estimulados por intereses externos, no descansan. Necesitamos levantar la mira para cancelar sin recelo alguno todo, todo aquello que debilita nuestros lazos, sean palabras o sean acciones, y fortalecer con genuina generosidad todo aquello que los consolida. Nuestros adversarios no descansan. Están ciertamente mermados, pero hay intereses externos que entran al juego pensando exclusivamente en lo suyo. Recordar cómo gobernaron históricamente aquellos adversarios que siguen al acecho de la menor oportunidad para regresar por los fueros perdidos. Las objeciones provienen de quienes desean que todo en el país se vuelva una pesadilla. La oposición volverá a mirar hacia fuera confirmando por que el poder no puede queda en sus manos. Nuestro país ya no acepta tutelajes. La soberanía es el alma de un pueblo. En estos tiempos de corta memoria, particularmente de los actores políticos corresponsables del rezago que padeció la entidad por décadas, conviene no olvidar de dónde venimos. Hablo del modelo neoliberal que hizo de la desigualdad una costumbre, precarizó el salario de los trabajadores y redujo al gobierno a simple administrador de privilegios entre el grupo de poder en turno. Estamos viviendo en la etapa de la posverdad, en la que la verdad nos interesa a muy pocos. No han pasado de ser sino tormentas en un vaso de agua; sin embargo, a nadie le gusta afrontar el ridículo o recibir la etiqueta de corrupto. Saben que lo peor que la pudiera pasar a nuestro movimiento es que los buenos se conviertan en los malos. Parecen liberados de la obligación de la verdad, pero no lo están. Su entreguismo los pone a salvo de esas insidias. Nos negamos a normalizar aquello que debía transformarse. Son polvos de aquellos lodos. Los servidores públicos también tienen derecho a la libertad de expresión. Nuevos cuadros, eso que un movimiento necesita para no envejecer. Un país imaginario Defender un proyecto más allá de las simpatías personales no es traicionar a un amigo. Es no confundir el afecto con la causa. Nos reunimos después de conocer los resultados de un proceso rumbo al 2027. Hubo una que otra inconformidad. La historia de los grandes proyectos sociales nunca ha estado libre de diferencias, consustanciales a la política; nada que un buen trabajo político no pueda superar. La encuesta fue la ruta elegida hace años para escuchar la voz de la gente. Este método nos recuerda que ninguna aspiración puede estar por encima de la voluntad colectiva; que los liderazgos se construyen desde abajo y que la legitimidad se gana caminando a ras de suelo, junto al pueblo, y no en acuerdo cupulares. Todo es parte de la normalidad democrática en la que vivimos. Un movimiento que confía en su proceder no teme a la deliberación ni a la crítica. Por supuesto, hay cosas que afinar, debemos fortalecer la valoración política, que tiene que ver fundamentalmente con el compromiso de un aspirante a coordinador para conducir el Movimiento sin desviaciones; igualmente, la valoración sobre el desempeño ético, que tiene que ver con la necesidad de que sean ejemplo de honestidad, valor distintivo de nuestro Movimiento. Algunas de las inconformidades apuntan a estas debilidades. Estos tiempos nos exigen levantar la mirada por encima de la coyuntura. No nacimos para administrar cuotas de poder. Somos la expresión política de una profunda energía social que aspiran a un país más justo, más democrático, más igualitario y absolutamente soberano. Nuestro movimiento ha aprendido que la unidad no surge de evitar las diferencias, sino de procesarlas, y seguir caminando juntos, con serenidad, después de haber competido. Gracias a las encuestas, MORENA ha identificado liderazgos con arraigo social, capacidad organizativa y fortaleza electoral, gracias a ellas ha incorporado voces diversas y abierto oportunidades a nuevas generaciones. Quienes participaron no deben ser vistos únicamente a través del resultado: cada una y cada uno aportó organización, experiencia, trabajo territorial y cercanía con la gente. Todo eso permanece y cuenta. Lo aprendimos durante el proceso interno de 2024. Mientras muchos anticipaban fracturas, el movimiento protagonizó un ejercicio democrático inédito por su escala que colocó en el debate nacional las causas de la transformación y movilizó a millones de personas. Aquella competencia permitió que una energía plural encontrara un cauce común. Hoy vivimos una circunstancia similar, aunque bajo un escrutinio mayor. Cada decisión y cada diferencia interna son amplificadas por un ecosistema mediático que sigue nuestros pasos y, a veces, los interpreta con evidente malicia. Debemos responder con serenidad: ni el ruido mediático ni la lectura interesada de nuestros adversarios pueden sustituir la reflexión ni reducir nuestra responsabilidad histórica al debate efímero de un día. Lo que está en juego es más que un ciclo electoral: es la continuidad de un proyecto de transformación que millones de mexicanas y mexicanos sienten como propio. Desde esa perspectiva deben entenderse los resultados anunciados. Las definiciones no responden a una lógica individual. Observar cada resultado por separado impediría comprender la decisión colectiva. Éste debe ser un momento para dialogar, reconocer las fortalezas del método y corregir aquello que pueda perfeccionarse. Los cargos y las generaciones pasarán. La transformación deberá permanecer, y a nosotros nos corresponde fortalecerla y entregarla más sólida a quienes vengan después. Mientras eso ocurre nosotros avanzamos con una vida interna genuinamente democrática, con proyecto, con rumbo y de la mano del pueblo. Por eso desde el Consejo Nacional reconocemos la labor de la Comisión Nacional de Elecciones, de los equipos técnicos de la Comisión de Encuestas, de la mesa política que supervisó la definición de las diecisiete coordinaciones y del Comité Ejecutivo Nacional de MORENA. El esfuerzo fue extraordinario. Les pido, por ello, un aplauso para este gran equipo de trabajo, para Ariadna Montiel, nuestra dirigente, y para Citlali Hernández. Reconozco también a las diecisiete coordinadoras y coordinadores designados. MORENA conoce esa historia y no puede repetirla. Si aspiramos a profundizar la democracia en el país, debemos sostenerla primero en nuestras decisiones, con procedimientos claros, previsibles y generales que no dependan de nombres ni de coyunturas. Esa diferencia importa en un tiempo en que los partidos de la coalición conservadora naufragan en la confusión ideológica y estratégica, buscando afuera el respaldo que no tienen adentro, sin procesos internos institucionalizados y creíbles, capturados por cuotas y cuates; y sin claridad programática ni proyecto de país. Escuchar a quienes aún no encuentran un espacio de colaboración. En esa construcción reconocemos la participación del Partido del Trabajo y del Partido Verde Ecologista de México en los diecisiete procesos resueltos mediante encuestas. La experiencia confirma que el diálogo franco permite encontrar equilibrios sin diluir identidades ni cancelar diferencias. Esa disposición será indispensable para una coalición cuya razón de ser no puede limitarse a sumar estructuras electorales, sino que debe refrendar el respaldo social a la transformación. El horizonte de 2027 demanda confianza en nuestras fortalezas. Nos corresponde defender los resultados alcanzados, reconocer lo que falta y presentar una ruta convincente para profundizar la transformación. Construir una mayoría social que acompañe con lealtad y legitimidad a la presidenta en el segundo tramo de su administración. Tenemos programa y proyecto de nación. Tenemos una militancia organizada. Tenemos una presidenta querida y reconocida por el pueblo de México. Vamos al 2027 juntos, unidos y organizados para seguir haciendo historia y transformando la vida pública de México. ¡Viva MORENA! ¡Viva la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo! ¡Viva México! Navegación de entradas Discurso de Ariadna Montiel en la celebración de 15 años de Morena