por Ariadna Montiel Amigas y amigos: Qué alegría volver a encontrarnos en el Auditorio Nacional, en el mismo lugar donde hace 15 años, un 2 de octubre dimos un paso decisivo para cambiar la historia de México. Hace quince años tomó cauce la esperanza del pueblo que ya llevaba mucho tiempo luchando por un país mejor. Esa lucha venía de mucho tiempo antes, de las plazas, de las calles, de los pueblos, de las colonias, de las comunidades y de millones de hogares. La sostuvimos cada día mujeres y hombres que nunca dejamos de creer que nuestro país podía cambiar. Quince años parecen poco frente a la larga historia de nuestra patria. Pero en este tiempo, aquella fuerza nacida en las calles y de la lucha popular llegó a gobernar el país. Hoy reúne a casi 12 millones de voluntades libres y consientes. Hoy, con mucho orgullo podemos decir ¡¡¡Somos el partido con la mayor militancia de América Latina y uno de los más grandes del mundo!!! Y comprobamos algo que aprendimos desde el principio: los cambios duraderos se construyen desde abajo. Con el pueblo, siempre con el pueblo. Por eso, hoy queremos reconocer a quienes hicieron posible este camino. Gracias a quienes tocaron puertas, repartieron Regeneración, organizaron comités, prestaron sus casas para una reunión, cuidaron una casilla y volvieron a convocar cuando parecía que nadie escuchaba. Gracias a los que lucharon por sus comunidades sin buscar protagonismos y teniendo como recompensa, un mejor México. Gracias a quienes entregaron su tiempo, su esfuerzo y sus convicciones. Y también, con enorme cariño, a nuestros compañeros que se nos adelantaron. En la Cuarta Transformación siguen resonando sus pasos. Su lucha por la democracia, por la justicia y por una vida digna para los más humildes, esa historia nos compromete y nos obliga a actuar. Morena no nació entre las cúpulas ni de un acuerdo entre unos cuantos. Surgió de millones de mexicanos que durante años vivimos las mismas injusticias y que, al encontrarnos, descubrimos que también compartíamos la voluntad de cambiar el rumbo de la nación. Nuestra historia viene de lejos: de las luchas por la tierra y el trabajo. Viene del movimiento estudiantil, de las mujeres que abrieron camino, de los pueblos indígenas y afromexicanos, de quienes exigieron elecciones libres y de quienes defendieron los bienes de la nación. Surgió del México profundo, del arraigo a nuestra tierra y de aquel Éxodo por la Democracia que caminó desde Tabasco hasta la Ciudad de México para exigir respeto a la voluntad popular. Hubo un tiempo en que nos quisieron convencer de que nada podía cambiar. Decían que la política siempre sería igual; que debíamos resignarnos a que otros decidieran. Pero este pueblo tiene memoria y sabe luchar. Hoy somos ese mismo pueblo que se levantó contra el dominio colonial, que defendió la República frente a los privilegios de los conservadores y que se rebeló contra la explotación y los abusos del porfiriato. En cada momento de nuestra historia, cuando la injusticia quiso imponerse como destino, el pueblo volvió a ponerse de pie. Esa indignación volvió a hacerse presente cuando intentaron desaforar a Andrés Manuel López Obrador. Lo que comenzó como un proceso contra una persona despertó una fuerza colectiva. Una multitud salió a las calles y caminó en silencio para defender un derecho elemental: que fuera el pueblo quien decidiera. Aquel silencio llenó las calles y le habló de frente al poder. Aunque logramos frenar el intento de desafuero, en 2006 vivimos uno de los momentos más dolorosos de nuestra historia. La mafia del poder quería cerrarle la puerta a un proyecto que había llenado de esperanza al país. Denunciamos el fraude electoral, exigimos voto por voto, casilla por casilla, y defendimos la voluntad popular mediante la movilización pacífica. Fueron tiempos de indignación y de incertidumbre. Nadie sabía entonces cuánto faltaba ni si algún día alcanzaríamos el cambio por el que habíamos luchado tantos años. Pero tomamos una decisión: estar siempre junto al pueblo, no renunciar a la vía pacífica y seguir organizando desde abajo. Y en lugar de replegarnos, volvimos al territorio. Andrés Manuel López Obrador recorrió el país municipio por municipio, escuchando de frente los agravios, las necesidades y las esperanzas de la gente. Eran años muy difíciles para México. Crecía la pobreza, la violencia desgarraba familias y la guerra contra el narcotráfico iba dejando sangre y dolor por todo el país. Fue en medio de esa adversidad donde comenzó a sembrarse con más fuerza la revolución de las conciencias: transformamos el dolor en esperanza, el hartazgo en organización, y esa unidad se convirtió en la fuerza para regenerar la vida pública. En 2008 volvimos a defender lo que es de todos: el petróleo. Y ahí estuvimos, al frente, miles de mujeres organizadas en brigadas, las Adelitas, lidereadas por Claudia Sheinbaum Pardo. Muchas veces nuestras voces no encontraban espacio en los grandes medios. Pero no nos callamos. Si nos cerraban los espacios, abríamos caminos. Si no podíamos llegar por los medios de comunicación, llegábamos casa por casa, comunidad por comunidad. Vinieron más asambleas, más comités y millones de ejemplares de Regeneración pasando de mano en mano. Lejos de apagarse, el movimiento fue echando raíces. Y así llegamos al 2 de octubre de 2011. No empezábamos de cero. Morena surgía de años de agravios, conciencia, resistencia y organización; de un pueblo que se negó a aceptar que la injusticia y la violencia fueran su destino. La Cuarta Transformación es parte de una misma historia: la de un pueblo que una y otra vez se levanta para construir una nación libre y soberana. En 2012, otra vez el camino parecía cerrarse. Entonces decidimos encauzar esa revolución pacífica: Construimos un partido sin dejar de ser movimiento y llevar a las instituciones la fuerza que durante años habíamos levantado en el territorio. Mientras las cúpulas del viejo régimen pactaban entre ellas y se sentían dueñas de este país, nosotros construíamos un pacto de confianza con el pueblo. Así obtuvimos nuestro registro electoral y fuimos creciendo desde abajo. Confiamos en la fuerza del pueblo, y el pueblo comenzó a confiar en que juntos podíamos transformar México. Ese pacto fue el que años después nos llevó al gobierno. Y desde entonces, la confianza del pueblo se convirtió en una obligación ética que debemos respetar. En 2018, después de tantos años de caminar, de resistir y de volver a empezar, por fin lo logramos. Más de 30 millones de mexicanas y mexicanos llevaron a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República. Fue mucho más que una victoria electoral. Fue el pueblo haciendo suyo un Proyecto de Nación que nacía de sus causas. Fue la esperanza que llevamos de puerta en puerta en una fuerza capaz de gobernar. Ese día recibimos una responsabilidad inmensa: estar a la altura del mandato que el pueblo había depositado en nosotros. Porque no luchamos para ganar una elección, luchamos por el bienestar de México. Durante años dijeron que Andrés Manuel López Obrador era “un peligro para México”. Pero el único peligro eran los privilegios de unos cuantos. Para el pueblo, la Cuarta Transformación significó derechos, bienestar y dignidad. Y comenzamos por quienes siempre habían quedado al final. Convertimos en política de Estado la máxima que había guiado nuestro camino: por el bien de todos, primero los pobres. Ese principio comenzó a sentirse en los hogares. Entre 2018 y 2024, 13.4 millones de mexicanas y mexicanos salieron de la pobreza. El poder adquisitivo del salario mínimo creció 154 por ciento respecto de 2018. Los Programas de Bienestar son la conquista de nuestro pueblo, durante años luchamos por la justicia para el pobre, para el desposeido, para el olvidado y hoy son derechos para el pueblo. Aquí están los adultos mayores que trabajaron toda una vida. Las niñas y los niños que merecen crecer con bienestar. Las madres que sostienen a sus familias. Aquí están las campesinas y los campesinos que nos dan de comer. Las y los jóvenes que construyen nuestro futuro. Las personas con discapacidad que fueron invisibilizadas y que hoy son sujetas de derechos. Gracias a las legisladoras y los legisladores de la Transformación han convertido las demandas históricas del pueblo, en derechos en nuestra Constitución. Ustedes y sólo ustedes son la razón de nuestra lucha. Y mirarlos hoy aquí nos permite decir algo que durante décadas parecía imposible: Llego la victoria del pueblo. Valió la pena caminar. Valió la pena organizarnos y resistir, por que la esperanza llegó a convertirse en derechos, en bienestar y en una vida más digna para millones de familias. Porque nuestro camino se guía por una convicción que no ha cambiado: el poder sólo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás. Eso es el Humanismo Mexicano. El que nos enseñó Andrés Manuel: no darle la espalda a quien sufre, tender la mano a quien se quedó atrás para que se empareje y podamos caminar juntos. Por eso estos quince años van mucho más allá de la historia de un partido. Y debemos tenerlo más presente que nunca. Son una manera de entender los motivos de seguir luchando, de continuar en la política y el ejercicio del poder: no como privilegio, sino como servicio; poniendo en el centro de las decisiones a las personas, sus derechos y su bienestar. Andrés Manuel López Obrador ha cerrado su ciclo político después de casi cincuenta años de lucha. Quienes caminamos junto a él sabemos lo que significa su ejemplo: perseverar cuando parecía imposible, confiar en el pueblo y no abandonar la vía pacífica para transformar al país. Ese legado vive en la conciencia de millones, en los derechos conquistados y en una manera ética de entender el poder. Hoy nos corresponde continuar esa historia, porque ha sido un honor luchar con Obrador. De ese mismo pueblo, de esa historia de lucha y de esa revolución de las conciencias viene también nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Su fuerza nace de caminar con el pueblo, de escuchar, de servir y de defender con firmeza los intereses de la nación. En 2024, demostró que la transformación ha sido tan profunda que el pueblo volvió a refrendar el rumbo y la eligió como la primera mujer Presidenta para encabezar el segundo piso de la Cuarta Transformación. Con ella, millones de mujeres llegamos también a un lugar que durante siglos nos fue negado. El Segundo Piso significa cuidar lo conquistado, profundizar los derechos y responder a los retos de nuestro tiempo. Construir sobre lo logrado y abrir nuevos caminos para el bienestar, la justicia y la soberanía. Pero los desafíos no son menores: la historia no avanza sola ni está a salvo de retrocesos. En distintas partes del mundo resurgen fuerzas autoritarias, discursos de odio y expresiones neofascistas que pretenden dividir a los pueblos, debilitar la democracia, hacer retroceder derechos y someter nuevamente las decisiones de las naciones a intereses ajenos a sus pueblos. México enfrenta este tiempo con una gran fortaleza. Tenemos una enorme reserva moral. Hemos resistido porque somos un pueblo con memoria, porque preservamos nuestros valores milenarios, nuestra solidaridad, nuestras raíces y esa manera profundamente mexicana de ayudarnos unos a otros. Somos una potencia cultural. Y esa fortaleza es también una defensa frente al autoritarismo, el odio y el individualismo. Nuestra Presidenta está conduciendo a México con una convicción que recoge lo mejor de nuestra historia: México dialoga con todas las naciones desde el respeto y la igualdad, pero nunca renuncia a decidir su propio destino. Cooperación sí; subordinación, jamás. Morena tiene frente a este momento una responsabilidad histórica. Para respaldar a nuestra Presidenta debemos mantener viva la organización, estar cerca del pueblo, formar conciencia y actuar con la congruencia que exige representar a un movimiento nacido del pueblo. No podemos permitir que los cargos nos alejen de las causas ni que el poder nos aleje de la gente. Porque los principios sólo tienen valor cuando se practican. Hemos luchado por devolverle su dimensión ética a la política. Y esa ética también nos obliga a preguntarnos para qué queremos el poder. Nos toca reflexionar, a cada uno de nosotros. Ni el dinero ni el poder pueden ser el sentido de la vida pública. El verdadero sentido de nuestra lucha es por el bienestar de nuestro amado pueblo. No hay otro. Somos humanistas y luchamos por una vida mejor para nuestro prójimo. Luchamos con tres convicciones: Con el pueblo todo, sin el pueblo nada; Por el bien de todos, primero los pobres No mentir, no robar y no traicionar al pueblo. Celebrar estos quince años también significa preguntarnos si estamos a la altura de la historia que recibimos. Antes de nosotros hubo quienes caminaron cuando el camino parecía cerrado, quienes resistieron cuando parecía imposible vencer y quienes entregaron años enteros de su vida a una causa cuyo triunfo quizá no alcanzaron a ver. Ellos no son sólo parte de nuestra memoria. Son una demanda viva. Ninguna generación recibe esta historia para contemplarla, sino para continuarla. Una transformación no se hereda como un monumento; se mantiene viva cuando hacemos nuestra, la lucha por la justicia. Hoy nos corresponde cuidar lo alcanzado, enfrentar las injusticias que permanecen y abrir camino a quienes vienen detrás. No tenemos derecho a fallar. Debemos estar a la altura de lo que México espera de nosotros. Honremos el legado histórico de Andres Manuel López Obrador Que su lucha siga marcando nuestro camino. Que la esperanza del pueblo siga siendo nuestra exigencia. Que los anhelos del pueblo sean nuestros anhelos. Que Morena siga siendo la esperanza de México, pero vamos más allá que Morena sea el bienestar de México. Por todo lo que hemos caminado, por quienes ya no están, por el pueblo que hizo posible esta transformación y por quienes tenemos el deber de continuarla: Debemos permanecer fieles al pueblo y a los principios que nos dieron origen. ¡Viva el pueblo de México! ¡Viva Andrés Manuel López Obrador! ¡Viva la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo! ¡Viva Morena! ¡Viva la Cuarta Transformación! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! Navegación de entradas Mantener la calma en tiempos de tormenta Discurso del presidente del Consejo Nacional de Morena, Alfonso Durazo Montaño, en el 15° aniversario del partido