Por Saúl Escobar Toledo

Desde   que se conoció el fallecimiento de Cuauhtémoc Cárdenas, el miércoles 28 de octubre pasado, se ha producido una cascada de reseñas, notas y artículos acerca de su trayectoria política.  Se recordó, desde luego, su ruptura con el PRI; después de haber sido senador y gobernador de Michoacán; el fraude electoral de 1988; la fundación del PRD el año siguiente; sus candidaturas posteriores a la presidencia de la república en 1994 y 2000; y su triunfo en 1997,  lo que lo convirtió en el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de México electo por voto popular.

Se ha reconocido su honestidad, su congruencia, su valentía (según dijo la presidenta Sheinbaum) y su importancia histórica en la vida política del México que le tocó vivir. Un poco menos, se ha hablado de su militancia juvenil en las luchas antimperialistas y su participación en el Movimiento de Liberación Nacional a principios de los años sesenta del siglo pasado.

Los textos que relatan su biografía son escasos, pero el más importante es el que escribió él mismo: “Sobre mis pasos”, un voluminoso tomo de 600 páginas publicado en 2010. La mayor parte, más de 400 páginas las dedica a revisar su trayectoria política entre 1988 y 2006. Al final, agrega una breve nota en la que recuerda el fallecimiento de su madre, Amalia Solórzano en diciembre de 2008.

Cuauhtémoc escribió otra biografía, la de Lázaro Cárdenas, en un libro titulado “Cárdenas por Cárdenas” editado en 2016, que contiene más 700 páginas. Es una obra escrita por un testigo directo y también por un historiador que recurre a las fuentes originales para narrar la vida de su padre.

Sin embargo, el escrito que refleja con mayor claridad el pensamiento político de Cuauhtémoc es “Por una democracia progresista”, una obra más breve que las anteriores, de casi 250 páginas, publicada en 2021.

La enumeración de las obras publicadas más recientes del “Inge”, tiene como propósito llamar la atención acerca de una faceta de su vida que ha sido menos comentada en los últimos días y que es fundamental. Porque la vida y la trayectoria de Cárdenas no pueden entenderse cabalmente sin revisar su pensamiento político.  Sus escritos, entonces, particularmente estos tres libros y sobre todo el último, deben ser leídos, revisados y discutidos no sólo para entender las aportaciones de Cárdenas al país. También, para seguir discutiendo la historia de México desde la revolución de 1910 hasta el presente, y para entablar muchos diálogos acerca de los retos del futuro y las perspectivas de su transformación.

En “Por una democracia progresista”, Cárdenas arranca con un recuento de las ideas que se forjaron al calor del movimiento revolucionario. A ello dedica buena parte de la obra, los primeros 15 capítulos. Podemos encontrar un repaso de las ideas de Flores Magón, Madero, Zapata, Carranza, los movimientos campesinos y obreros, los constituyentes de 1917, Salvador Alvarado, Felipe Carrillo Puerto, y Lázaro Cárdenas. Luego, el análisis se extiende a la fundación del MLN (1961) y la Corriente Democrática y el Frente Democrático Nacional entre 1986 y 1989.

Reconoce que estas ideas fueron y han sido distintas. No se trata de una ideología compacta, inspirada en una escuela de pensamiento, sino de un conjunto muy amplio de análisis y propuestas plasmados en libros, folletos, proclamas, manifiestos colectivos, planes de gobierno y programas de partidos políticos.

Cárdenas recuerda que su padre afirmó que, “cumplidas las metas de la Revolución”, la nación y la sociedad empezarían a moverse “hacia un sistema socialista”. Agrega que, aunque no se cuenta con un texto que analice con detalle el socialismo al que aspiraba Lázaro Cárdenas, se atreve a hacer una “aproximación” que resume de la siguiente manera: respeto absoluto a los derechos de la gente y, especialmente,  a sus libertades de expresión; amplia intervención del Estado en la economía para garantizar crecimiento, distribución equitativa de beneficios entre trabajo y capital; equilibrio y desarrollo regionales; mercados competitivos, organizaciones autónomas de los trabajadores; consumación de la reforma agraria impulsando la organización ejidal colectiva;  y en el plano internacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la  no intervención.

Más adelante Cuauhtémoc considera que se requiere “un paso previo” al socialismo, el cual consiste en “la edificación de un orden político, social, económico e institucional que se corresponda con los objetivos de una democracia progresista”. Sea cual sea nuestra definición de socialismo, afirma Cuauhtémoc, lo más urgente es ponernos de acuerdo en la construcción de una democracia progresista.

Para discutir este concepto, Cuauhtémoc advierte que los revolucionarios no lucharon por una democracia “sin adjetivos”. Y agrega: “no plantearon la democracia en abstracto… esa democracia sin contenidos, de lengua para fuera, se practicó en el porfiriato y es la misma que se practica en el neoliberalismo… Esos intereses tienen en mente sólo la democracia electoral… excluyen otras formas de expresión de la democracia, sobre todo en las cuestiones sociales y en la equitativa distribución del ingreso”.

Y para abundar en sus ideas, apunta en el capítulo XIX, a lo largo de más de casi 55 páginas, un listado de temas, problemas y propuestas para “reconstruir a México” después del “entreguismo y destrucción de los tiempos neoliberales”.

Afirma que “en el sistema vigente, la democracia representativa es la práctica más extendida”. La exigencia es ahora “hacer nuestra democracia cada vez más deliberativa y participativa”.

Igualmente propone crear una economía de sólido contenido social, romper los lazos de dependencia y establecer relaciones equitativas con el exterior y garantizar el estado de derecho.

También, dice, en una democracia progresista “el poder financiero o económico no debe ser el que continúe marcando el rumbo del país” por lo que el Estado debe evitar los monopolios y regular los mercados para romper cualquier dependencia del exterior y dar impulso a la industrialización y a la expansión del mercado interno”. Respalda “una Reforma fiscal basada en un sistema de impuestos solidario, progresivo y redistributivo”. Y considera que “construir democracia significa … desconcentrar el poder y redistribuirlo entre la Federación, los estados y los municipios”.

El texto incluye propuestas y reflexiones acerca de diversos temas como la inseguridad y el combate a la delincuencia.  También se refiere al mundo laboral en el que se pronuncia por la libertad de organización, la democracia sindical y el salario digno. Otro conjunto de ideas se agrupa bajo el título “La rebelión de las mujeres”. Hay, asimismo, apartados que abordan asuntos relacionados con los jóvenes, las drogas, la multiculturalidad, el deporte, la banca. la política energética; el campo y el medio ambiente; la biodiversidad; la minería; la planeación; el derecho a la ciudad; la educación; los derechos de los pueblos indígenas; y la necesidad de discutir la conveniencia de una nueva constitución.

Cárdenas advierte que los cambios que se requieren sólo serán posible si se conforma la fuerza, la indispensable mayoría política y social que impulse y dé sustento popular a esas necesarias realizaciones.

Las ideas y propuestas de Cuauhtémoc, englobadas en la idea de una democracia progresista, fueron resultado de una reinterpretación de la historia mexicana, particularmente de la revolución que tuvo lugar a principios del siglo pasado; de las experiencias y las reflexiones de Lázaro Cárdenas; y de su propia trayectoria, sobre todo a partir del rompimiento con el PRI. 

Gracias a este esfuerzo intelectual, que resume, especialmente, en “Por una democracia progresista”, Cuauhtémoc nos deja un conjunto de propuestas para construir un proyecto de nación.  Su intención es abrir un debate con los gobiernos y, especialmente, con la sociedad, para revisar y reconstruir los fundamentos ideológicos y programáticos de nuestras aspiraciones políticas para transformar a México. Por ello, se requiere la crítica, el examen permanente de las acciones de gobierno, y el diálogo con las organizaciones sociales y ciudadanas. En pocas palabras, escuchar las inconformidades para profundizar el cambio. saulescobar.blogspot.com.

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