por Onel Ortiz


En 48 horas, las declaraciones de la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, hundieron a su exfiscal, César Jáuregui. Se hundió ella y hundió al PAN. En su loco afán de intentar aclarar que no hubo ningún pacto con la presidenta Claudia Sheinbaum hace un mes, en su breve encuentro en el aeropuerto de Ciudad Juárez, terminó cometiendo errores políticos y de comunicación que afectarán no sólo el desarrollo de la investigación en contra de Jáuregui, sino también las aspiraciones de que el PAN siga gobernando Chihuahua después de las elecciones del próximo año.

 

Hace una semana, César Jáuregui fue citado por la Fiscalía del Estado de Chihuahua, imputado por varios delitos relacionados con su gestión pública; a su salida de esta audiencia fue detenido por agentes de la Fiscalía General de la República y procesado por traición a la patria, un tema que tiene su propia historia.

 

La interpretación de esta acción prácticamente coordinada entre las fiscalías estatal y federal fue prácticamente unánime: si camina como pato, se escucha como pato y tiene forma de pato, pues es un pato. Los medios de comunicación, las redes sociales y la clase política interpretaron que dicha detención había sido producto de un acuerdo entre la gobernadora y la presidenta.

 

La gobernadora no aguantó la presión y, después de unos días, intentó aclarar el asunto: explicar que no existía tal pacto con la presidenta, pero se hundió en el intento. Vale la pena ver la cara de Carlos Loret de Mola. A cada pregunta que le hacía, la gobernadora se hundía más. Hizo acusaciones temerarias en contra de su exfiscal y de la presidenta nacional de Morena. Además, obviamente, divulgó, desde su punto de vista, una conversación privada que ella misma había solicitado con la presidenta. Un gran error político.

 

En las siguientes entrevistas, pues prácticamente entre viernes y sábado estuvo en todos los programas importantes, lejos de controlar la crisis que ella misma provocó, se hundió más.

 

La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente. Señaló que, efectivamente, se habían hablado fuerte, que la gobernadora había culpado a su exfiscal de la presencia de agentes de la CIA y de que era propietario de casinos. Respecto a las acusaciones contra la presidenta nacional de Morena, Shiembaum le dijo que presentara las pruebas.

 

La puntilla a Maru Campos se la dio Azucena Uresti con una simple pregunta: ¿Cómo puedo confiar en Maru Campos después de haber revelado una conversación acordada como privada?

 

No sé qué resultado tenga el juicio por traición a la patria contra César Jáuregui; desconozco si el PAN ganará la elección en Chihuahua; de lo que estoy seguro es de que María Eugenia Campos se hundió como el Titanic.

 

Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.

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