por Fluvio Ruiz Alarcón

Además de la entrada de la primavera y la celebración anual de ese gran acto de reafirmación soberana que fue la Expropiación Petrolera, durante el pasado mes de marzo atestiguamos diversos accidentes en el sector petrolero. Dos de ellos llamaron poderosamente la atención de la opinión pública: el derrame de hidrocarburos que afectó parte del litoral del Golfo de México (particularmente las costas de Tabasco y el sur de Veracruz) y el accidente en la Refinería Olmeca, en el que lamentablemente fallecieron cinco personas. Por otro lado, en el reporte de resultados de Pemex, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, se observa el crecimiento sostenido en el volumen de gas asociado que la petrolera quema en la atmósfera.

En el caso del derrame de hidrocarburos, resultó muy preocupante la dificultad para siquiera identificar su origen y naturaleza. Durante semanas se barajaron diversas hipótesis y, al momento de escribir estas líneas, aún no había quedado claramente establecida la ubicación del vertimiento o emanación original. Seguía la controversia a propósito de los alcances e impactos ambiental, social y económico, provocados por esta fuga. El análisis geoquímico sugerido por especialistas del sector, con el objetivo de identificar el origen del hidrocarburo fuente, al menos públicamente, no pareciera estar siendo considerado por las autoridades gubernamentales.

En cuanto a la Refinería Olmeca, en una de las lluvias torrenciales que se abaten sobre el suelo tropical, aparentemente el paso de un vehículo provocó la ignición de una acumulación de hidrocarburos, causando la muerte de cinco trabajadores. Esperemos que el Análisis Causa Raíz que se efectué, además de evidenciar los elementos que lamentablemente se conjugaron para generar este fatal accidente; permita identificar también, potenciales errores o insuficiencias en el diseño de los sistemas de drenaje de la refinería, así como en la integridad mecánica de ductos y tanques de almacenamiento, y en la disciplina operativa. Cualquier corrección necesaria: en el diseño, la infraestructura, operación cotidiana o los protocolos de seguridad, deberían hacerse de inmediato.

Incluso la estructura corporativa y las líneas jerárquicas de mando de Petróleos Mexicanos, tendría que ser analizadas. Tras la reintegración y restructuración corporativa de Pemex, el área responsable de la seguridad industrial y la protección ambiental quedó con nivel de subdirección, dependiente de la Dirección de Planeación. La importancia de este rubro, fundamental en la operación de cualquier empresa petrolera, nos lleva a insistir en la urgencia de que Pemex concentre esta responsabilidad en un área administrativa del más alto nivel jerárquico, apenas por debajo de la Dirección General. De otra manera, la inercia de más de tres décadas de existencia de empresas subsidiarias, podría minar la autoridad del área responsable y dificultar el ejercicio pleno de sus facultades. Por encima de cualquier consideración de otra naturaleza, la responsabilidad, eficacia y seguridad operativa, requieren del pleno convencimiento y compromiso institucional. Finalmente, como esbozamos al inicio de este texto, en el Reporte de Resultados de Pemex al cuarto trimestre de 2025, encontramos que entre dicho trimestre de 2024 y su similar de 2025, la quema de gas pasó de 329 a 593 MMpcd, es decir, hubo un muy importante incremento del 80.2% en el volumen de gas enviado a la atmósfera. Con todas las implicaciones ambientales y económicas del caso. Medido en términos porcentuales, el gas quemado sin mayor beneficio que iluminar con dantesco brillo el horizonte de ciertas regiones petroleras, pasó de representar el 5.3% del total extraído en el tercer trimestre del 2024, a un valor equivalente al 9.6% en el trimestre reportado, esto es, prácticamente cinco veces el límite reglamentario de 2%. Adicionalmente, en el análisis de estos datos, debemos considerar que Pemex solo reporta el envío a la atmósfera de gas asociado, el cual solo representa el 44% del total extraído.

En términos de comparación anual, la quema promedio diaria de gas entre 2024 y 2025, pasó de 304 a 446 millones de pies cúbicos diarios. Esto significa un notable incremento del 46.7% en este rubro.

Desde el primer trimestre del año 2019, hasta el mismo trimestre de 2021; la quema de gas había tenido un crecimiento sostenido, pasando del 5.1% en el primer trimestre indicado, al 14.9% del gas extraído en el segundo. El volumen de gas enviado a la atmósfera en el transcurso de esos dos años, pasó de 243 a 712 MMpcd. Es decir, aumentó en un dramático 193%. Como proporción del total producido, el gas quemado representó el 12.5% en 2021.

A partir del segundo trimestre de 2021, el volumen de gas enviado a la atmósfera empezó a disminuir tendencialmente, aunque siguió siendo muy importante. Así, por ejemplo, desde el tercer trimestre de 2022 y hasta el segundo trimestre de 2024, Pemex logró disminuirlo en cada uno de los trimestres subsecuentes; debido fundamentalmente al inicio de operaciones de la planta acondicionadora de gas húmedo amargo que eliminó el envío de gas a la atmósfera del campo Ixachi. Sin embargo, el volumen de gas enviado a la atmósfera en el tercer trimestre de 2024 (312 MMpcd) representó un incremento de 9.5% en comparación con el segundo trimestre del mismo año y a partir de entonces, la quema de gas ha aumentado trimestre tras trimestre.

Tanto por la pérdida de valor, como por los efectos medioambientales que implica y en el contexto de la severa vulnerabilidad de México en materia de gas; resulta urgente que Pemex, con el respaldo pleno del Estado y sus entes responsables, tome las medidas necesarias para iniciar un proceso sostenido de reducción de la quema de gas.

Independientemente de las responsabilidades específicas de toda índole que resulten de los tres hechos descritos en este artículo, pareciera necesario revisar el diseño institucional de las tareas de seguridad industrial y protección ambiental, incluyendo la naturaleza jurídica, adscripción administrativa, ámbito jurisdiccional, suficiencia presupuestal y sobre todo, capacidades técnicas y regulatorias de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA). La ASEA fue creada con la reforma energética de 2013 y 2014, como un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

La fragilidad evidente de la ASEA frente a los actores del sector hidrocarburos, ha implicado que prevalezca de facto una cierta autorregulación de dichos actores. Esto es particularmente claro en relación con Pemex, cuyo volumen de extracción se aproxima mucho al total nacional. Sin embargo, en el futuro cercano irán cobrando mayor relevancia otros operadores, como los que ya participan en los proyectos de Zama, Trión, Hokchi, etcétera; y a los que se sumarán los que se deriven de los contratos mixtos. Ahora bien, tras el derrame, se anunció la creación de un sistema de alerta de fugas. Sin duda, es una medida adecuada para enfrentar accidentes de este tipo; pero no habrá una solución de fondo mientras no haya una revisión integral del diseño institucional del sector. Es momento de revisar esta parte surgida de la reforma energética de 2014 y que no fue abordada en la de 2025.

Como en la obra de Mario Benedetti de la cual parafraseamos el título, esperemos que la primavera institucional en el ámbito de la seguridad industrial y la protección ambiental en el sector de los hidrocarburos, aunque tardía y lastimada, substituya al invierno de la indolencia que parecía interminable.

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