por Alejandro Rozado

La 4T es un gigante que en 2018 despertó de un largo sueño. Con entusiasmo matutino, se incorporó y echó a andar. Toda su musculatura atrofiada por años comenzó a rehabilitarse, lentamente, sobre el camino. Sorteó toda clase de obstáculos, desde pronósticos desalentadores hasta trampas instaladas por otros en el sendero de su destino. Al gigante le dio Covid también -y sobrevivió. / Hoy, este coloso de paso lento, y firme a la vez, se preocupa por la cumbre a la que desea trepar, por sus fuentes de nutrición (que pueden escasear) y descansos (el ritmo) y por la mejor forma de llegar hasta arriba. La cima es alta y el viaje, pesado; pero vale la pena, pues es un mejor sitio para vivir en paz y desde el cual se contempla mejor la Historia. Para ello, requiere el acopio de toda su energía y un plan de escalamiento bien administrado de recursos. Además, hay bestias muy peligrosas que lo acosan en cada paso que da. Pero se tiene confianza. Puede llegar.

Para que el titán de la 4T logre el propósito por el cual despertó y echó a andar, necesita subir la ladera por la izquierda; es decir, que su partido, Morena, se reanime y abandone el conformismo que lo ha caracterizado en los últimos años. Tal vez no sea sólo conformismo, sino temor o pérdida de claridad en las metas. Como quiera que sea, la reciente movilización en Chihuahua es un buen indicio de que su dirigente nacional, Ariadna Montiel, entiende al gigante y sus retos. Ojalá.

Morena no tiene que ser socialista. A este partido le toca realizar la modernidad con el sentido social más pleno que se haya concebido en México: vivir bajo un Estado de bienestar moderno, que combata implacablemente la corrupción tradicional, hasta llegar a formas de gobierno y de organización democráticas y transparentes.

Del socialismo ya nos encargaremos los socialistas en su momento.

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