Por Arturo Martínez Núñez A siete años del triunfo de López Obrador y a un año del triunfo de Claudia Sheinbaum, Morena está más fuerte, más maduro y más comprometido que nunca. El 1 de julio es una fecha que ha marcado con letras de dignidad y esperanza la historia moderna de México. En 2018, millones de mexicanas y mexicanos votamos por un cambio verdadero, y lo logramos: Andrés Manuel López Obrador ganó con un respaldo abrumador, inaugurando una nueva etapa política: la Cuarta Transformación. En 2024, exactamente seis años después, esa transformación se consolidó con el triunfo de Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta de México. Hoy, celebramos un doble aniversario que nos obliga a reflexionar sobre lo que hemos logrado y lo que aún está por venir. Como militante y dirigente nacional de Morena, he vivido estos procesos con emoción, convicción y compromiso. He sido testigo de cómo el proyecto de nación que nació del pueblo ha ido avanzando, no sin dificultades, pero con firmeza, hacia un país más justo, más equitativo, más libre. En siete años, hemos desmontado el modelo neoliberal que tanto daño causó a la soberanía, a los derechos sociales y a la ética pública. Y en un año, hemos demostrado que el relevo generacional en el movimiento no es solo posible, sino deseable y exitoso. El legado de López Obrador Cuando Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia en diciembre de 2018, lo hizo con un mandato claro: acabar con la corrupción, priorizar a los más pobres, recuperar el control sobre los recursos nacionales, y devolver al Estado su papel rector en la economía. Siete años después, los resultados están a la vista: millones de familias reciben apoyos directos sin intermediarios; el salario mínimo se ha duplicado en términos reales; se construyeron obras estratégicas como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas; y se recuperó el orgullo de ser mexicanos. Pero más allá de los datos, el mayor legado de López Obrador es ético y político. Nos enseñó que se puede gobernar sin robar, que la política es un acto de servicio, y que el poder solo tiene sentido si se pone al servicio del pueblo. Nos devolvió la confianza en que el cambio es posible. Su ejemplo sigue vivo y su liderazgo sigue siendo referente, aunque con humildad ha dado un paso lateral para dejar que el movimiento siga su curso. El primer año de Sheinbaum: continuidad con sello propio El 2 de junio de 2024, el pueblo volvió a hablar con claridad. Claudia Sheinbaum obtuvo más de 35 millones de votos y ganó con más de 30 puntos de diferencia. No fue solo una victoria aritmética, sino histórica: por primera vez, una mujer fue elegida presidenta. Y no cualquier mujer: una científica, una luchadora social, una dirigente honesta y comprometida con los principios de la Cuarta Transformación. Navegación de entradas El sembrador de esperanzas HOSPITAL DE PRIMER NIVEL