por Saúl Escobar Toledo De acuerdo con los datos del INEGI acerca del producto interno bruto (PIB), con cifras “desestacionalizadas” es decir, revisadas y ajustadas de acuerdo con factores externos como las variaciones del clima, la economía mexicana creció apenas 1.2% en el primer semestre del año (2026) en comparación anual. Las actividades primarias en 2.1% y los servicios en 1.7%. Sin embargo, la industria mostró un estancamiento con una tasa de 0.1%. En realidad, la caída de la producción del sector secundario viene desde el año pasado. En 2025 cayó en 1.2% (cifras preliminares). La minería tuvo la cifra negativa más alta (-6.5%) mientras que la generación y distribución de energía eléctrica cayó en 0.3%, la construcción en -1.1% y las manufacturas -0.4%. Este año, en el primer semestre, las cifras muestran una recuperación tímida: la minería crece 3.8% y la construcción 2.1%. No obstante, la rama de la electricidad cae de nuevo (-0.2%) y las manufacturas también (-1.1%). El comportamiento de la producción manufacturera sorprende si lo comparamos con el aumento de las exportaciones. En los primeros siete meses de este año éstas mostraron un incremento de casi 28%. El descenso de las exportaciones petroleras (-1.1%) se compensó con las no petroleras, las cuales aumentaron casi 29%. Sobresalieron las manufacturas, aunque las automotrices lo hicieron apenas en 1.2%, el resto en 42%, de manera notable los equipos de cómputo. En cambio, la inversión extranjera directa (IED) parece haber sufrido, igualmente, una caída en el primer semestre de este año (con cifras revisadas) a pesar de los anuncios oficiales (35 mil millones de dólares señaló la presidenta en su informe).-La reducción fue más fuerte en lo que toca a las nuevas inversiones que cayeron, se calcula, entre el 13 y el 23% (dependiendo si son cifras preliminares o revisadas); la mayor parte se compuso de reinversión de utilidades, la cual alcanzó casi el 89% del total. En las manufacturas alcanzó unos 13 mil 500 millones de dólares, cifra es inferior a la que mostró en 2023 y 2024 aunque ligeramente superior al de 2025. Los indicadores de la marcha de la economía explican los problemas en materia de empleo. La mayor parte de las nuevas ocupaciones de este año se ubicó en la informalidad. Entre el segundo trimestre de 2025 y el de 2026 se registraron 600 mil nuevas ocupaciones, pero de ellas, apenas 105 mil fueron empleos formales y 495 mil se ubicaron en la informalidad, un crecimiento, respectivamente de 0.39% y 1.52% anual. La tasa de informalidad alcanzó el 55.1%. En lo que respecta al empleo formal, el sector primario aumentó en más de 50 mil personas y los servicios más de 77 mil 500. En cambio, las manufacturas perdieron más de 22 mil plazas de trabajo formales. Por edades, el grupo etario de 15 a 19 años perdió 97 mil empleos formales mientras que las personas de entre 25 y 44 años registraron un incremento de casi 108 mil empleos. A pesar de la debilidad del empleo formal, la remuneración de los asalariados alcanzó casi el 31% del PIB mientras que en 2025 el promedio fue de 30.4% ya que tuvo un aumento de 9.4% en términos nominales. De esta manera se explica que la pobreza laboral entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026 haya disminuido 3.2 puntos porcentuales, de 35.1 a 31.9%. Esta reducción se ubicó sobe todo en el ámbito rural pues fue de 4.4 puntos mientras que en el urbano fue de 2.5puntos. Sin embargo, se mantiene la brecha regional pues el mayor porcentaje de población en situación de pobreza laboral en el segundo trimestre de 2026 se encontró en los estados de Chiapas, Oaxaca y Guerero con 59.8, 52.9 y 52.2 por ciento respectivamente. Por su parte, la región centro norte, por ejemplo, Baja California Sur y Baja California, registraron 13.8 y 17.3%. Perdura igualmente la brecha entre la ciudad y el campo pues el ingreso laboral en el ámbito urbano fue 4 mil 85 pesos al mes mientras que en el rural fue de 2 mil 130 pesos. Estos datos muestran varias cosas: en primer lugar, seguimos arrastrando un bajo crecimiento, especialmente en el sector industrial, el cual viene cayendo desde el año pasado y no parece recuperarse. En segundo lugar, este desplome ocurre a pesar del aumento de las exportaciones. Esta aparente contradicción se explica por diversas razones: una de ellas es que las importaciones crecieron aun más rápidamente. Es decir, la industria manufacturera nacional no produce muchos de los insumos (refacciones y partes) de las mercancías que exporta y ensambla esos productos con una proporción significativa de componentes importados. No produce un valor adicional o agregado de tal magnitud que de lugar a una expansión de la capacidad productiva de la industria manufacturera ni tampoco que sea capaz de jalar al resto de la economía mexicana. Eso se refleja también en la composición de la IED ya que no obstante su magnitud, consiste principalmente en reinversión de utilidades. En tercer lugar, el débil crecimiento de la economía se ha visto reflejado en un panorama, en materia de empleo, que debe preocuparnos especialmente. Las plazas de trabajo formales casi no crecen y en las manufacturas se presenta, desde el año pasado, una pérdida de plazas laborales. En cambio, el empleo informal aumenta tanto en números absolutos como en la proporción de la ocupación total. La situación está afectando particularmente a los jóvenes que ingresan por primera vez al mercado laboral (15 a 19 años). Un tercer asunto se refiere a otra aparente contradicción: a pesar de la caída tendencial del empleo formal y el aumento de la informalidad, la participación del trabajo en el ingreso nacional ha aumentado, lo mismo que disminuye la pobreza laboral. Esta mejoría se explica fundamentalmente por los incrementos a los salarios mínimos y en menor medida por los contractuales, que andan alrededor del 4 por ciento, descontando la inflación. El problema es que esta dinámica se vuelve cada vez más insostenible en la medida en que no se crean nuevas plazas de trabajo formales en los sectores y empresas con mayor capacidad productiva. Es posible que el porcentaje de elevación de los mínimos que regirán en 2027 sea más reducido que en el pasado inmediato y ello impacte a los contractuales. Finalmente, es necesario destacar que, en su segundo informe, la presidenta de la república ha reiterado la necesidad de mantener la austeridad del gasto público para mantener la estabilidad macroeconómica. Señaló incluso, como si se tratara de una buena noticia, que se ha reducido el gasto corriente en 200 mil millones de pesos respecto a 2024. Confió en una mayor recaudación para hacer frente a los proyectos prioritarios del gobierno; aseguró que la rectoría del estado no significa abandonar la disciplina fiscal ni que el desarrollo dependa exclusivamente de un mayor gasto público; y se comprometió a mantener “finanzas públicas sólidas”. De esta manera, la presidenta sugirió que el proyecto de presupuesto para 2027 mantendrá los lineamientos anunciados por Hacienda en sus “precriterios” dados a conocer a principios de este año y que habrá un nuevo recorte del gasto público el próximo año. Los “programas prioritarios” recibirán un aumento de recursos casi equivalentes a la inflación ocurrida este año y el resto de los renglones del presupuesto seguramente saldrán perdiendo. Independientemente del debate conceptual, resulta evidente que la disminución del gasto corriente debilita las instituciones; sustrae recursos para la inversión en infraestructura; y no respalda el crecimiento económico ni la creación de empleos. El Plan México, dependerá entonces casi enteramente de la inversión privada nacional, la cual hasta ahora ha dado escasos signos de compromiso, y de la IED destinada a las exportaciones, la cual pasa por momentos de incertidumbre. Así las cosas, el crecimiento seguirá rondando entre el 1 y 1.5%, lo cual, más allá de la retórica oficial, no alcanza para construir un país más próspero ni para mejorar sustancialmente el bienestar de los mexicanos. saulescobar.blogspot.com. Navegación de entradas La doble nacionalidad y el Frankenstein constitucional