por Pavel Gaspar Ramírez

El flujo de migración que se tiene entre México y Estados Unidos seguirá siendo una constante desde finales del siglo XIX a la fecha,  sin embargo este ha variado en forma e intensidad dependiendo fundamentalmente de la oferta y demanda de mano de obra que hay en los dos países, por ejemplo en México algunos factores que orillan a la migración son: “pobreza y violencia rurales, deterioro de los quehaceres agropecuarios, desigualdad intra e interregional, desajustes entre las actividades del campo y la ciudad: más tarde desempleo y crisis urbanas.”[1]

Para entender estos movimientos es necesario estudiar cada uno de los grandes momentos migratorios y así visualizar los factores cambiantes asociados con estos y romper con la visión simplista – cotidiana, de que se trata de flujos indiscriminados de la pobreza a la riqueza.

Por una parte, en el contexto americano, varios han sido unos factores que han generado una demanda de mano de obra con características específicas, por ejemplo, la escasez de trabajadores nativos en los sectores industriales y en las grandes ciudades como Texas, Illinois, California y Nueva York.

En México, por otro lado, la migración se encuentra vinculada con los profundos procesos de cambio social y económico. La migración rural urbana tuvo sus rasgos fundamentales entre los años 1930 y 1950, los movimientos que predominaron fueron de población rural e indígena, eran del campo hacia las ciudades concentrándose en las grandes urbes mexicanas:  Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey y Puebla. En este periodo la migración es de carácter fundamentalmente interno.

Actualmente encontramos una nueva región de “expansión” migratoria ubicada en la costa noreste, en la que se destaca el área de Nueva York – Nueva Jersey, que es donde principalmente se asienta más de 90% de los migrantes del Estado de Puebla.

 Se tiene que tomar en cuenta que una vez iniciado un proceso migratorio, los lazos sociales entre un estado de origen y el de destino deben necesariamente fortalecerse esto a la larga reducirá los costos ( económicos, psicológicos y de riesgos) que se relacionan con la migración indocumentada.


[1] Jorge Duran,1998,p.5.

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